Si hay algo difícil de plasmar en una pantalla, es el genio artístico. Las limitaciones del medio hacen que, inevitablemente, las vidas de pintores o músicos queden muchas veces reducidas a un mero telefilm que nos relata, en un estilo más o menos "tomatero", las excentricidades, vulnerabilidades o, incluso, crueldades que rodearon sus vidas. Pero el otro matiz, su fuerza creadora, el don que marca la diferencia entre el simple energúmeno y el ser excepcional, resulta casi imposible de captar con la cámara y, simplemente, se pierde.Tengo un amigo pintor; me gusta mucho hablar con él sobre cine, porque me señala cosas en las que nunca me habría fijado. Él me ha enseñado a no ver las películas como mera narración, sino como algo más, como un arte que trabaja, sobre todo y por encima de todo, con luz; y es esa conciencia de que el cine es, ante todo, un arte visual, la que me ha hecho descubrir nuevas váis para disfrutarlo.
Pues bien, este amigo mío tiene una frase lapidaria: no existe ninguna película en la que actor alguno haya representado bien a un pintor. Para él, no se trata de aparecer pintando o de sufrir mucho, sino de una cuestión mucho más sutil: el artista no lo es sólo cuando está ante el lienzo o el soporte sobre el que trabaje, sino que lo es siempre, a cada momento, y eso se expresa en su forma de mirar, de relacionarse con su entorno... en cada gesto que hace, en suma. Y eso es algo que suelen olvidar los actores que hacen de pintores.
Por eso es por lo que no salva a nadie de la larga lista de nombres que han encarnado a artistas del pincel, ni siquiera al Ed Harris de Pollock. Yo, en esto, no estoy de acuerdo con él, porque creo que la honestidad y esfuerzo de Harris a la hora de enfrentarse con un personaje como Jackson Pollock es extraordinaria, y que algo de ello quedó reflejado en la película. Pero bueno, yo no soy pintor.
Viene a cuento todo esto porque se acaba de estrenar Copying Beethoven, una película normalita de Agnieszka Holland que se quedaría en nada si no fuera por la interpretación, precisamente, de Ed Harris en el papel del compositor alemán en sus últimos meses de vida, justo cuando, sordo y solitario, se enfrentaba al estreno de la Novena Sinfonía y a la escritura de sus cuartetos y la Gran Fuga, obras estas últimas incomprendidas en su época y que se adelantaron muchas décadas a su tiempo.
La forma en la que Harris se enfrenta al personaje recuerda mucho a cómo lo hizo con el pintor norteamericano pues, salvando las obvias diferencias, se trata de una interpretación muy física, que busca el contraste entre el abandono a su mundo interior y sus explosiones creativas. Pues bien, por momentos Harris consigue hacernos creíble cómo Beethoven sentía la fuerza de una interioridad en la que la música surgía espontáneamente como reacción a una realidad exterior a la que se sentía cada vez más ajeno, debido a su sordera. Pero, en otras ocasiones, la película se pierde en los lugares comunes del artista misántropo, como en la historia un tanto llevada por los pelos que contrapone su visión ideal y romántica del arte a la fría y utilitaria del ingeniero novio de la chica que entra a copiar sus partituras (una Diane Kruger que, al menos, aquí no molesta tanto como en Troya).
De todas formas, hay una escena en la que aparece la belleza, y es en la secuencia final, en la que Beethoven, ya enfermo e imposibilitado para escribir, dicta al personaje de Kruger un cuarteto, que él va describiendo mientras suna de fondo. Una música hermosa, como lo es oír al viejo compositor hablar de los violines que se elevan como el alma que busca a Dios, mientras el chelo permanece grave, como el cuerpo que permanece atado a la tierra, sin poder seguirla...
En ese instante sí, nos parece rozar el genio... hasta que llegue un amigo músico y también nos diga: "no es esto, no es esto...". Pero, mientras tanto, aprovechemos.
COPYING BEETHOVEN. EE. UU., Alemania, 2006. Color, 104 min. Dirección: Agnieszka Holland. Intérpretes: Ed Harris, Diane Kruger, Matthew Goode, Phyllida Law, Ralph Riach, Bill Stewart. Guión: Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson. Fotografía: Ashley Rowe. Producción: Sidney Kimmel, Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson, Michael Taylor. Vista en: Cine.
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