
Una película tan excepcional como Donnie Darko tiene múltiples niveles de lectura. Su capacidad de sugerencia, su sutilidad, su intención de no mostrar todas las cartas para que sea el espectador el que complete el puzzle es extraordinaria. Pero hay un aspecto que por primera vez me ha llamado la atención al volver a verla, quizá por lo que tiene de generacional, y es su particular mirada a esa década a los tan glorificados, nostálgicos y añorados, por los de mi quinta, años ochenta. Una mirada que nos viene a decir, poco más o menos, que aquello no fue el derroche de optimismo, alegría y frivolidad que creemos recordar, sino una década en la que las fuerzas oscuras ya estaban presentes, latentes, que lo podrido que pudimos ver desde entonces ya estaba sembrado en aquellos días, que la inolvidable aventura de Marty McFly y su inseparable Doc a través del tiempo, y de la que la historia de Donnie Darko viene a ser su traducción oscura y quizá, más abrumadoramente real, no fue más que un espejismo.
Es curioso, pero al volver a revisar la maravilla de Richard Kelly, cobra nueva vida bajo ese prisma. Supongo que, en realidad, ni en eso nuestra generación es excesivamente original: todas llegan a un momento en el que descubren que el jardín guardado bajo siete llaves en la adolescencia no era, ni mucho menos, tan idílico como creíamos. Y así, mientras pasábamos el tiempo dejándonos llevar por las historias pergeñadas por los Spielberg, Zemeckis y compañía, mientras nuestra nostalgia sigue reservando un lugar preferente para Los Goonies, los Gremlins o El secreto de la pirámide (un lugar al que procuramos limpiar periódicamente el polvo para no ajar nuestros recuerdos), seguramente entre nosotros ya había un Donnie Darko capaz de ver que aquello era una mentira, que bajo las sonrisas, las hombreras y los peinados imposibles podía esconderse algo monstruoso o extrañas amistades que nos llevasen a la destrucción. La clarividencia de Kelly en Donnie Darko tiende, así, un hilo temático con el Terciopelo azul de David Lynch: si éste pulverizó la porcelana de todo a cien de los idílicos cincuenta y primeros sesenta, aquél nos dijo que, en realidad, nuestra década fue tan siniestra como todas las demás, algo de lo que ya nos empezó a avisar el rostro aún infantil de River Phoenix en Cuenta conmigo. Y lo confieso: cada vez que veo la imagen enferma de Michael J. Fox no puedo evitar algo que me aprieta el corazón, como si presintiera muy cerca, demasiado cerca, una voz que me impele a despertarme. Y yo no quiero hacerlo. s
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Donnie Darko EE. UU., 2001 113 min.
Escrita y dirigida por Richard Kelly
Interpretada por Jake Gyllenhaal, Holmes Osborne, Maggie Gyllenhaal, Daveigh Chase, Mary McDonnell, James Duval, Patrick Swayze, Drew Barrymore
Música de Michael Andrews
Montaje de Sam Bauer y Eric Strand
Fotografía de Steven B. Poster
Producida por Adam Fields, Nancy Junoven, Sean McKittrick y Drew Barrymore