El nombre de Steven Zaillian está ligado a varios de los mejores momentos del cine norteamericano de los últimos años: guionista de, entre otras, Despertares, La lista de Schindler (por la que ganó el Oscar), Misión imposible, Hannibal (junto con David Mamet), Gangs of New York o La intérprete, además del próximo proyecto de Ridley Scott, American Gangster, es director de dos títulos muy interesantes (En busca de Bobby Fischer y Acción civil), con una capacidad para la narración y los matices que los distanciaba de los adocenados productos que llenan las carteleras cada temporada.Si a esto unimos que el reparto de Todos los hombres del rey es de los que quitan el hipo, y que la película se basa en la misma novela de Robert Penn Warren que inspiró en 1949 la mítica El político, de Robert Rossen, que ganó tres Oscar, la expectación era máxima. Pues bien, vistos los resultados, lo mínimo que se puede decir es que estamos ante una película decepcionante.
Y lo es, en primer lugar, por el punto donde podrían esperarse menos fisuras: el guión. Sus dos títulos anteriores como director ya nos habían dado las pautas que configuran su estilo, la búsqueda de una narración limpia, en la que se despoja a la historia de cualquier exceso de elementos que impidan su fluidez y claridad. Así, En busca de Bobby Fischer era una reflexión sobre si es obligatorio seguir un don cuando el precio a pagar es la diferencia y la infelicidad, mientras que en Acción civil se nos detallaba, a través de la caída de un abogado triunfador que se enreda en un caso de indemnizaciones que cree que le consagrará y acaba llevando a la ruina a su bufete, los mecanismos y enjuagues que se ocultan en el funcionamiento de la maquinaria judicial estadounidense. Y, en este segundo caso, sorprendía además la claridad y asepsia de un relato que huía de recursos fáciles como su contemporánea Erin Brockovich, con un planteamiento bastante similar.
Pues bien, en Todos los hombres del rey, esa búsqueda de la esencia se confunde con un adelgazamiento tal de los engarces de la historia que, literalmente, ésta se deshace. Y de ese pecado original vienen todos los males que lastran una película en la que sus dos horas y veinte minutos acaban pesando como una losa: ante una historia deslavazada, que tiene como eje la de la arribada al puesto de gobernador de Louisiana de un populista que pronto se revela como un potencial dictador que se escuda en una pretensión manipuladora de querer devolver toda la riqueza al pueblo, y la de un ramillete de personajes que viven a su sombra, la labor de los actores acaba dando, en muchas ocasiones, palos de ciego.
Algo que afecta a Jude Law (verdadero protagonista de la película, y que hace una interpretación soberbia), pero sobre todo a Kate Winslet y Mark Ruffalo, cuyos personajes, cruciales para la trama, están muy mal explicados, al igual que el de Patricia Clarkson, de la que terminamos queriendo saber más. Anthony Hopkins y James Gandolfini cumplen, pero el verdadero problema es cuando llegamos a Sean Penn.
Aunque no sea el verdadero protagonista de la película (por más que la promoción parezca decir lo contrario), su interpretación del gobernador Willie Stark debería ser el eje central que diese sentido a toda la película. Pero aquí sobreactúa, el dibujo de su personaje está estereotipado, y resulta difícil creer en su capacidad de fascinación. Su forma de dar los discursos resulta demasiado teatral y gesticulante, probablemente con la intención de resaltar el vacío de sus promesas, pero el problema es que nos expulsa y vuelve artificial la inicial respuesta enfervorizada del pueblo. Y luego, cuando se supone que se va alejando de la gente y nos lo presentan con mucha distancia de sus oyentes, la frialdad es tan grande que ni la música de James Horner, excesivamente remarcadora, ayuda.
Y eso que hay momentos, diálogos sueltos, en los que brilla la maestría de Zaillian. Pero el resultado final es el de haber visto tan sólo escenas aisladas, sin vertebrar, en las que las motivaciones de los personajes se nos escapan. Y eso es muy grave cuando, en el fondo, se nos quiere contar una tragedia con pretensiones shakesperianas. Pero poco Shakespeare puede haber cuando lo que les sucede a los que pasan por la pantalla nos importa bien poco.
TODOS LOS HOMBRES DEL REY. All the King's Men. EE. UU., Alemania, 2006. Color, 140 min. Dirección y guión: Steven Zaillian, basado en la novela de Robert Penn Warren. Intérpretes: Sean Penn, Jude Law, Patricia Clarkson, Kate Winslet, James Gandolfini, Anthony Hopkins, Mark Ruffalo, Kathy Baker. Fotografía: Pawel Edelman. Montaje: Wayne Wahrman. Música: James Horner. Producción: Ken Lemberger, Mike Medavoy, Arnold Messer, Steven Zaillian. Vista en: Cine.
[+] Todos los hombres del rey, de Steven Zaillian, en Mi galaxia muy lejana


