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21 agosto 2006

CATÁSTROFES DE ANDAR POR CASA

Mira tú por dónde la película de catástrofes del verano, o al menos la más rentable, puede ser esta pequeña producción, A la deriva, secuela encubierta (en España, porque en Estados Unidos no han tenido ningún problema en titularla simplemente Open Water 2) de aquélla que, hace tres años, nos trajo una situación bastante parecida. En este caso, un grupo de amigos se reencuentra para pasar unos días en un velero de lujo invitados por uno de ellos, tras cinco años sin verse, y tienen la desgracia de terminar los seis en el agua, al lado del barco, sin poder volver a subir porque a ninguno de ellos se les ocurrió tirar antes una escalerilla por la que regresar. ¡Ah!, y dicen que está basada en hechos reales, aunque no se especifica en cuáles (a lo mejor en seis amigos que un día se hicieron un viajecito en un yate, no sé).

Pues bien; desconozco la recaudación que estará haciendo estos días, con la taquilla aún ocupada al abordaje por Sparrow y compañía, pero me apostaría mi conexión ADSL a que, a buen seguro y proporcionalmente, esta película ha sido más rentable para sus productores que el mastodonte de Poseidón para el sufrido Akiva Goldsman (espero que se haya resarcido con lo que haya cobrado por el guión de El código Da Vinci) y el bueno de Wolfgang Petersen.

A su pequeña escala, esta película comparte ciertas semejanzas con la película que ha remedado al Titanic (al barco, no a la película) en taquilla: al fin y al cabo, se trata de un perfecto ejemplo de película de catástrofes en versión minimal; y si no, basta con que echemos un vistazo y comprobaremos que lo tiene todo: un grupo de personas con la que los espectadores pueden identificarse (y bien a gusto, que son bastante guapos), a los que les sucede algo imprevisto que les deja a merced de las fuerzas de la naturaleza y sus propios recursos e inventiva; un reparto de roles que nos hace casi prever desde el principio cómo se van a comportar cada uno de ellos desde el principio (empezando por la rubia guapa y chillona que, claro, no hace más que molestar, la pobre); tiempos muertos entre acción y acción, mientras se van acumulando las bajas, en las que aprovechan para decirse lo que nunca se habían dicho e incluso filosofar con aquello de que no somos nada... y por no faltar, ni siquiera falta mensaje de lo soberbios que son algunos humanos y cuánto se merecen el castigo, y un genial detalle de guión que introduce aún más angustia en lo que sucede: el bebé de una de las parejas, que se ha quedado solo en el barco y que despertará de un momento a otro sin que nadie pueda atenderle ni darle de comer (y cuyo llanto oiremos convenientemente a través del vigilabebés), etc.

Pues bien, una vez dicho esto, he de confesar lo siguiente: no diré que A la deriva sea una buena película, porque tiene bastantes cosas ridículas (alguna línea de diálogo sonrojante y fallos de antología, como el hecho de que sabemos inmediatamente quién sobrevivirá cuando todos se supone que se quitan los bañadores para hacer una cuerda... y a una de las chicas le vemos de repente el tirante de la ropa interior, ¡está claro que ésta saldrá del agua y no conviene que le veamos las vergüenzas, que esto es una pelí angustioso-familiar!), pero lo que sí puedo decir es que me entretuvo bastante más que Poseidón.

Por eso, cuando vuelven a sonar una vez más los gritos de los agoreros que dicen que Hollywood está (otra vez, y van...) en crisis, quizá películas como ésta sean las que vayan a marcar el camino, producciones que pueden explotarse perfectamente en cine, DVD (o Bluray o lo que sea) y, sobre todo, en televisión (es perfecta para una sobremesa de sábado y domingo), y que no dejan a ninguna productora temblando si fracasan. Quizá tendremos que irnos olvidando de poseidones, kingkones y demás, y prepararnos para pequeñas historias y tragedias de andar por casa. A lo mejor, el futuro será minimal... o no será.


A LA DERIVA. Adrift / Open Water 2. Alemania, 2006. Color, 95 min. Director: Hans Horn. Intérpretes: Susan May Pratt, Richard Speight Jr., Niklaus Lange, Ali Hillis, Cameron Richardson, Eric Dane. Guión: Adam Kreutner, David Mitchell, Collin McMahon, Richard Speight Jr. Fotografía: Bernhard Jasper. Música: Gerd Baumann. Producción: Dan Maag, Philip Schulz-Deyle. Vista en: Cine.

29 julio 2006

PARA VER EN EL TREN (O EN EL BUS)

Comparto con una amiga una clasificación de la calidad de las películas seguramente no muy ortodoxa, pero que a nosotros nos va de perlas, porque nos sirve para saber al instante qué podemos esperar de un título: son las que decimos que "son para ver en el tren" (en mi caso, porque es el medio que más utilizo para los viajes largos) o "en el bus" (en el suyo, por las mismas razones).

¿Qué tipo de películas son ésas? Pues las que sin ser estrictamente buenas, son entretenidas, amables (para que justifiquen el esfuerzo de tener el cuello estirado para ver la pantalla) y, sobre todo, se dejan ver sin pensar, tan fáciles de seguir en su desarrollo que hasta puedes echar una cabezadita en medio de la historia que no pasa nada, te vuelves a subir en marcha y tan ricamente.

Pues bien, Poseidón es 100 % una película para ver en el tren, o en el bus, o en el avión... en todos los sitios menos en un barco, supongo (aunque existe un crucero que se llama como la película, lo que denota un curioso sentido del humor del propietario de la naviera). E incluso es para ver en el cine, si es que uno rebaja sus expectativas y simplemente quiere pasarse poco más de una hora y media (tiene una duración absolutamente agradecida y la historia va al grano a los cinco minutos, lo que no es poca cosa en los tiempos grandilocuentes que corren) dejándose llevar por imágenes que va a olvidar en cuanto ponga un pie en la calle y se ponga a decidir con el/la/los/las acompañante/s a qué terraza ir a tomarse unas cañitas y unas racioncitas.

Y ello es porque, básicamente, Poseidón, a pesar de la pátina de espectacularidad que tienen varias de sus escenas (es impresionante el largo e imposible travelling inicial, en el que una cámara subacuática nos muestra la quilla del barco y luego emerge, vemos el crucero en todo su esplendor para luego recorrerlo de propa a popa, siguiendo en un momento al personaje de Josh Lucas mientras corre para luego dejarle, dar la vuelta al buque, subir una planta y terminar de nuevo con Lucas que se detiene a contemplar el mar... una auténtica maravilla que abre de la mejor manera la película), un telefilme hinchado a formato cine. Tanto es así que, como en éstos, uno acaba asistiendo más a una historia intimista, a pesar de las inundaciones y grandes escenarios que va recorriendo el grupo protagonista.

De todas formas, que la palabra "intimista" no nos llame a engaño, porque aquí no hay una tensión como la que sí lograba el director en El submarino o La tormenta perfecta, en las que se escondía una recreación de la fragilidad y absoluta soledad del hombre cuando se queda atrapado en la vastedad del océano, sea por debajo, como en la primera, o por encima, en la segunda. Los personajes tienen tan poca definición que en el fondo te da igual que vivan o mueran, se sacrifiquen o sean sacrificados (atentos a la escena del hueco del ascensor y el camarero, de una contundencia difícil de ver en una película de puro entretenimiento como ésta), a pesar de que no se puede negar que los actores están correctos, y siempre es agradable reencontrarse con alguien tan eficaz como Kurt Russell (Richard Dreyfuss simplemente está ahí, puesto por el Ayuntamiento; creo que vamos a tener que ir aceptando que es mal actor, y que fueron más mérito de Spielberg que de él sus interpretaciones en Tiburón y Encuentros en la tercera fase). El resto, empezando por un excelente Lucas, hacen lo que tienen que hacer, excepto un despistado Kevin Dillon y un directamente asfixiable (o ahogable, en este caso) niño.

Poco más: ni siquiera escenas sobre el papel tan brutales como la de la discoteca, donde vemos cómo mueren de repente electrocutados todos los supervivientes menos los cuatro que luego se unirán a la pandilla de buscadores de la salida te ocasionan un verdadero impacto, tanta es tu escasa identificación con lo que está pasando. Pero no se le puede negar a Wolfgang Petersen una honradez de carta cabal: lo que hay es lo que ves y no pretende ir de otra cosa; estamos lejos, pues, del despropósito megalómano de Troya. Y con eso le perdonamos algunos fallos clamorosos de guión (como el juego absurdo con las hélices succionadoras).

Pues eso, Isa, que sepas que ésta es ideal para el bus (o para el tren).

P. S. Y SPOILER: Mirito Torreiro, en su crítica de El País, apunta el dato sociológico de que en la película sólo sobreviven profesionales liberales, porque todos los trabajadores e inmigrantes polizones mueren. Yo iría más allá: encima, su sacrificio resulta necesario para que se salven los adinerados y WASP de pura cepa. ¿Será intencionado, o le estaremos buscando tres pies al gato a una peli que, en realidad, no da para tanto?

POSEIDÓN. Poseidon. EE. UU., 2006. Color, 99 min. Director: Wolfgang Petersen. Intérpretes: Josh Lucas, Kurt Russell, Jacinda Barrett, Richard Dreyfuss, Jimmy Bennet, Emmy Rossum, Mike Vogel, Mía Maestro, Andre Braugher, Kevin Dillon. Guión: Mark Protosevich, según la novela de Paul Gallico Fotografía:John Seale. Música: Klaus Badelt. Producción: Mike Fleiss, Akiva Goldsman, Duncan Henderson, Wolfgang Petersen. Vista en: Cine.