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28 septiembre 2006

LECCIÓN DE OPTIMISMO


Sí, señor; una auténtica lección de optimismo la que me habéis dado. Juro que estaba convencido de que sería Alatriste la elegida para enviar a los Oscar en representación de la Academia española, dado el enorme esfuerzo y la implicación de gran parte de la industria en una de las mayores decepciones de nuestro cine. Sin embargo (y supongo que, desgraciadamente, sin que sirva de precedente), ha primado el sentido común y los muy honorables académicos han elegido Volver, de Pedro Almodóvar, en detrimento de la de Díaz Yanes y de Salvador, de Manuel Huerga.

Algo que, por otro lado, ya habíais anunciado vosotros en la encuesta que he tenido colgada estos días, pues a la primera pregunta de "¿Qué película mandarías a los Oscar?", un 55% votó por Volver, un 32% por Salvador, y un 14% por Alatriste (fijaos que hasta el biopic de Salvador Puig Antich supera en preferencias a la del espadachín). En cuanto a la segunda, "¿Y cuál mandará la Academia?", aquí vuestro optimismo fue ya desbordante: 61% para Volver, 35% para Alatriste, 4% para Salvador.

Me habéis ganado por la mano. Y... ¿por qué será que no me importa demasiado?

[+] ...Y 'Volver' ha sido, en El séptimo cielo
[+] "Volver" a empezar..., en Guitars On the Rocks

02 septiembre 2006

LA PELÍCULA QUE PUDO SER


Pocas veces se volverá a dar una conjunción de factores tan favorable como la que ha precedido el alumbramiento de Alatriste: un punto de partida, las novelas de Arturo Pérez-Reverte, auténticos best sellers que retoman y adaptan a la España del siglo XVII las claves del género de capa y espada bendecidas por Dumas y compañía; la elección de un actor carismático que además, tras la saga de El señor de los anillos, ha logrado imbuir a su estampa de una intensidad épica que añadía enteros al personaje de Diego Alatriste; un director-guionista solvente, que había dado muestras de pulso firme en su debut en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, y demostrado que no le asustan los retos en Sin noticias de Dios; un plantel de secundarios entre los que militan algunos de los mejores actores del momento del cine español; y un presupuesto amplio, generoso, con el que levantar un retrato convincente y espectacular de un país crepuscular, esclerotizado, que ve disolverse su imperio mientras sus mejores hombres se desangran en los campos de batalla.

Y quizá lo más difícil, lo más importante: un público entregado de antemano. Cuando oímos tantas y tantas veces quejarse a los responsables del cine español del presunto analfabetismo del espectador patrio (patético aquel discurso de la presidenta de la Academia, en la entrega de los Goya, literalmente riñendo a los españoles porque habían preferido a Harry Potter o a Shrek frente a las producciones españolas del año), esta vez se había creado una verdadera expectación, que a buen seguro se reflejará en la taquilla de este primer fin de semana, alimentada además por un trailer prometedor que parecía garantizar el resultado. Una cierta sensación de "por fin, por fin lo hemos conseguido, lo hemos logrado..."

Pues no. No lo logramos. Por resumir, Alatriste no es una mala película, pero tampoco es buena. Es, simplemente, una película del montón, prima hermana de otras cien que, si se estrenasen en nuestras pantallas con pasaporte francés o alemán, durarían una o dos semanas en cartelera, otra gran producción europea del tipo de las de "quiero y puedo pero, no sé por qué, no me sale".

Y lo más frustrante es que, a lo largo de todo el metraje, se entrevé perfectamente la gran película que pudo llegar a ser y no alcanzamos a ver: resulta sorprendente la escasa creatividad que muestra en la planificación y los movimientos de cámara, con secuencias que se van sucediendo mecánicamente, sin verdaderos picos de emoción, y con el convencimiento final de que Díaz Yanes, simplemente, no sabe rodar secuencias de acción. De hecho, los mejores momentos de la película, únicos destellos que apuntan lo que podría haber sido, o bien son escenas intimistas (magnífico el último encuentro de Alatriste con María de Castro, una hermosa Ariadna Gil), de acción en interiores (la secuencia de los túneles de Breda), o de las pocas con cámara dinámica (el plano de las botas en el primer encuentro con Olivares).

Viggo Mortensen pone su estampa al servicio de un Alatriste de pocas palabras, convincente, amargado, escéptico, que nos arrastra... hasta que abre la boca. Sinceramente, es de agradecer que Mortensen haya querido rodar en español pero, ¿quién puede creerse que Diego Alatriste haya nacido en León cuando luego le oímos hablar? El esfuerzo que, además, tiene que hacer el actor neoyorquino para que no se note su acento le lleva a un tono neutro que no es de ningún sitio, y a la sensación de que asistimos, más que a una interpretación, a un recitado.

Sin embargo, es en los secundarios donde brilla a más altura la película. Formidables están, como siempre, Eduard Fernández (¡qué robaplanos!), Unax Ugalde y Antonio Dechent; sorprendentemente creíbles Juan Echanove como Quevedo y Javier Cámara como el conde-duque de Olivares; bella y triste Ariadna Gil, Elena Anaya correcta, y una Pilar López de Ayala que, simplemente, no tiene papel al que agarrarse. Y en cuanto al antagonista de Alatriste, un Gualterio Malatesta bien asentado en el cuerpo de Enrico Lo Verso... ¿alguien que no haya leído los libros y sólo vea la película entenderá el motivo de su rivalidad?

Mención aparte merece la sorprendente y, vistos los resultados, gratuita elección de Blanca Portillo para hacer el papel del inquisidor. ¿Por qué? ¿Qué aporta? Si se toma una decisión tan al límite, debería poder justificarse de alguna manera... Eduardo Noriega, por su parte, reconfirma lo que ya sabemos de largo: que es un actor tan guapo como limitado, pero aquí no molesta demasiado.

Pérez-Reverte ha destacado hasta la saciedad que no pretendía hacer una historia luminosa, sino tan triste y sucia como lo era aquella España desalentada y en decadencia; de ahí que los duelos y las luchas no podían ser brillantes, espectaculares... aquí estaríamos en las antípodas de Los duelistas, de Ridley Scott: los combates apenas duran segundos, los espadachines son marrulleros, los heridos se rematan a cuchilladas y la sangre salpica. Pero lo contrario de lo espectacular nunca debe ser lo ramplón, máxime cuando se pone tanto cuidado en otros aspectos como el de recrear la luz de los cuadros de los maestros del Siglo de Oro (incluso a extremos tan cansinos y poco originales como la reproducción del cuadro de La rendición de Breda), con una estrupenda fotografía de Paco Femenía.

El final de la película, en fin, resume perfectamente todo lo bueno y lo malo que lo precede. Simplemente, no es emocionante, no es épico, y no transmite la grandeza que debería... en parte, por la marcha de infantería que se escoge para llevarnos al último plano. Muy buena idea sobre el papel pero, en la pantalla, de resultado bastante plano. Una ocasión desaprovechada por el habitualmente inspirado Roque Baños.

Una lástima. Otra más.

ALATRISTE. España, Francia, EE. UU., 2006. Color, 147 min. Director: Agustín Díaz Yanes. Intérpretes: Viggo Mortensen, Unax Ugalde, Ariadna Gil, Eduard Fernández, Antonio Dechent, Juan Echanove, Javier Cámara, Eduardo Noriega, Elena Anaya, Enrico Lo Verso, Blanca Portillo, Pilar López de Ayala. Guión: Agustín Díaz Yanes, a partir de las novelas de Arturo Pérez-Reverte. Fotografía: Paco Femenía. Música: Roque Baños. Producción: Álvaro Agustín, Antonio Cardenal. Vista en: Cine.

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