Mostrando las entradas con la etiqueta Volver. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Volver. Mostrar todas las entradas

07 diciembre 2009

ALMODÓVAR NO SE RÍE (DE SÍ MISMO)


Curioso esto de que los directores de las películas parodiadas en Spanish Movie hagan cameos en ella, algo que representa una novedad con respecto a sus modelos norteamericanos (¿alguien se imagina a Shyamalan apareciendo, por ejemplo, en la correspondiente entrega de Scary Movie?). Pero, puestos a ellos, no deja de ser curioso que, mientras que Alejandro Amenábar, Juan Antonio Bayona, Jaume Balagueró y Paco Plaza (sale también Álex de la Iglesia, pero él no es parodiado, al menos que yo haya reconocido) entran en la broma, Pedro Almodóvar, al fin y al cabo responsable subsidiario de la trama principal (esa Ramira interpretada, muy bien por cierto, por Alexandra Jimémez, trasunto de la Raimunda-Penélope Cruz de Volver), brilla por su ausencia. ¿Será que la broma no le va, o que iba fatal de fechas?

28 septiembre 2006

LECCIÓN DE OPTIMISMO


Sí, señor; una auténtica lección de optimismo la que me habéis dado. Juro que estaba convencido de que sería Alatriste la elegida para enviar a los Oscar en representación de la Academia española, dado el enorme esfuerzo y la implicación de gran parte de la industria en una de las mayores decepciones de nuestro cine. Sin embargo (y supongo que, desgraciadamente, sin que sirva de precedente), ha primado el sentido común y los muy honorables académicos han elegido Volver, de Pedro Almodóvar, en detrimento de la de Díaz Yanes y de Salvador, de Manuel Huerga.

Algo que, por otro lado, ya habíais anunciado vosotros en la encuesta que he tenido colgada estos días, pues a la primera pregunta de "¿Qué película mandarías a los Oscar?", un 55% votó por Volver, un 32% por Salvador, y un 14% por Alatriste (fijaos que hasta el biopic de Salvador Puig Antich supera en preferencias a la del espadachín). En cuanto a la segunda, "¿Y cuál mandará la Academia?", aquí vuestro optimismo fue ya desbordante: 61% para Volver, 35% para Alatriste, 4% para Salvador.

Me habéis ganado por la mano. Y... ¿por qué será que no me importa demasiado?

[+] ...Y 'Volver' ha sido, en El séptimo cielo
[+] "Volver" a empezar..., en Guitars On the Rocks

18 mayo 2006

EL PRÍNCIPE, CHICO ALMODÓVAR


El gran departamento de marketing en el que se ha convertido la Fundación Príncipe de Asturias ha vuelto a dar la campanada sorprendiendo a propios y extraños al conceder el premio Príncipe de Asturias de las Artes a Pedro Almodóvar. Aunque no tan desconcertante como el de la Concordia que le dieron en su momento a J. K. Rowling, ni tan prematuro como el de Fernando Alonso, no deja de ser curioso imaginarnos la futura fotografía del director manchego junto al matrimonio Gates.

Habrá quien considere que el premio es más que merecido; para otros todo lo contrario, por considerar que su trayectoria no tiene suficiente brillantez como para recompensarla con un galardón que, no lo olvidemos, viene marcado por un expreso deseo de reconocer la excelencia. Las comparaciones con Woody Allen son inevitables: ¿la aportación de Almodóvar tiene la misma relevancia que la del director de Manhattan? (claro, si se lo hubiesen dado a Bergman no habría foto, pues es bien sabido que el maestro sueco no acude a actos tan mundanos).

Lo que está claro es que estos galardones, a diferencia de los Nobel (y por mucho que se empeñen en compararlos), han entrado en una dinámica peligrosa, porque están siendo los galardonados los que están dando renombre a los premios, y no al revés. ¿O alguien se cree de veras que el ser Príncipe de Asturias ha añadido algo sustancial en su vida a Bill Gates, a J. K. Rowling, a Fernando Alonso... o al mismo Allen? (al fin y al cabo, si a este último le hubiese servido para ayudarle a la financiación de una película, que es lo que verdaderamente le preocupa en los últimos tiempos, le habría sido mucho más útil). No: es la obsesión por la foto lo que manda. Los premios Príncipe de Asturias tienen la importancia que le dan los que aparecen en ella; los Nobel, en cambio, y por muy discutidos que sean en muchas ocasiones, no dependen de rostros famosos. ¿O es que alguien puede recitar tres nombres de galardonados de una edición concreta, por ejemplo la última?

Es curioso lo que está sucediendo con Almodóvar en el último año. Por un lado, ha firmado una película maestra, una espectacular remontada de la mediocridad en la que, a pesar de Hollywood y la Cinemateca Francesa, parecía sumido en sus últimos títulos (ese despropósito en forma de guión que era Hable con ella, por mucho Oscar que se llevara, o la nueva decepción que supuso La mala educación) en una continua cuesta hacia abajo, atrapado en la esquizofrenia de sentirse amado y reconocido fuera y ninguneado en su patria. Volver, sin lugar a dudas, está llamada a convertirse en uno de los hitos de su filmografía, una pieza en la que por fin consigue el tantas veces rozado pero pocas alcanzado equilibrio, una película en estado de gracia en la que el estilo almodovariano brilla en plenitud, sin zonas oscuras, sin fallos ni buenas ideas desperdiciadas.

Pero este reconocimiento, por primera vez en mucho tiempo casi general, le está llevando a una situación paradójica: muchos de los que le han apoyado contra viento y marea le echan en cara ahora su aparente rebaja de listón, acusándole (algunos de manera comprensiva, otros con vehemencia) de haberse vendido a lo comercial. Y otros, los normalmente más críticos, le abren las puertas de las instituciones: a ver quién se atreve a negarle el próximo año su buena ración de Goyas.

Y ahora, el Príncipe de Asturias. Veremos a ver qué pasa en Cannes pero yo, de Almodóvar, no dormiría tranquilo. A lo peor, el galardón asturiano se convierte en el beso de la muerte, y los franceses se niegan a premiar una película en la que no aparece tan nítido el universo falsamente fassbinderiano de su obra que tanto parece fascinarles. Quizá el péndulo haya completado ya su desplazamiento y empiece a moverse al otro lado; si es así, Almodóvar añadirá un Príncipe a su atiborrada estantería, pero a mí me da que, si se lo cambiasen por una Palma de Oro y, al menos, una nominación al Oscar al mejor director, no le quedarían muchas dudas. Claro que ninguno de estos dos los entrega un Heredero...