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28 octubre 2007

LA DECEPCIÓN






Una historia potente, medios, actrices conocidas... y sin embargo, con estos mimbres, Emilio Martínez-Lázaro apenas ha sido capaz de montar en Las 13 rosas algo más cercano a un telefilm que a una verdadera película. Sin duda, una de las decepciones del año.

[+] Mi crítica de Las 13 rosas en LaButaca.net

02 marzo 2007

DE CERCA NO SE VEN LOS MONSTRUOS





¿Quién, en el lugar del protagonista de El último rey de Escocia, estaría libre de convertirse en cómplice del monstruoso y humano Idi Amin/Forrest Whitaker?


[+] Mi crítica en LaButaca.net

[+] El último rey de Escocia, en Muchocine.net
[+] Crítica: "El último rey de Escocia", en Cineahora

24 enero 2007

LAS BATALLITAS DE TÍO MARTY


Hace pocos días, Marnie citó en un estupendo post (como siempre) un documental mítico que, casualmente, yo estaba volviendo a ver por esas fechas: A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies. Una auténtica joya, realizada por The British Film Institute en 1995 con motivo del centenario del nacimiento del cine y que, aún hoy, sigue siendo uno de esos raros documentos que sirven igualmente tanto al profano como al cinéfilo de pro.

El secreto reside en la pasión: frente a concepciones más racionalistas del cine, Scorsese no abandona en ningún momento, al abordar la génesis de lo géneros propiamente cinematográficos (el western, el cine negro, el musical), la mirada del espectador fascinado por la contemplación de lo que sucede en la pantalla.

Así, abundan las confesiones personales: el impacto que de niño le supusieron Duelo al Sol, Los diez mandamientos o el arranque de La túnica sagrada, o su presentación como un verdadero cinéfago que devoraba todo tipo de películas: buenas, malas... nada era poco para su mirada insaciable. Y así, este genio, que ya no necesita el Oscar para ser recordado como uno de los grandes, consigue un efecto extraño, atractivo: su lección, su visión, no empequeñece la del afortunado que contempla el documental al otro lado de la pantalla, porque logra establecer una empatía, una complicidad, en la que uno y otro se igualan como amantes del cine.

Claro que él es el que sabe, y mucho, y se nota. Pero no hay humillación alguna, no existe ni rastro de esa actitud chulesca de tanto teórico, de tanto profesor de pacotilla, de tanto elitista disfrazado de exigente que lo único que busca es hurtar el disfrute de la belleza a mucha gente que quiere acceder a ella. Y así, nos quedamos subyugados cuando nos habla de Kubrick, de Cassavetes, de Tourneur, de Eastwood, cuando vemos y oímos a Capra, a Vidor, a Wilder, a Coppola, a Ford (bueno, a ése más bien poco, como podéis observar en el divertido extracto que hace Marnie en su post)... y contemplamos boquiabiertos cómo resume cien años de cine en tan sólo cuarenta minutos, uniendo a Griffith con DeMille, con Murnau, con el melodrama, con Minelli, con Kazan, con Lucas y el por entonces en eclosión trucaje digital...

En suma: instruir deleitando. Y, lo que es más importante, diciéndonos que también nosotros tenemos derecho a disfrutar. Y lo dice nada más y nada menos que tío Marty, ése bajito que nos visita de vez en cuando, que a veces nos hace de rabiar pero sin el que, a buen seguro, las reuniones familiares serían bastante más aburridas...

P. S. Seis nominaciones a los Oscar para El laberinto del fauno, de la que muchos medios, descabalgado Almodóvar de la competición, parecen haber descubierto ahora su filiación también española (además de mexicana). Eso sí: un éxito tan importante para nuestro cine, con tres nominaciones para españoles (incluido un Javier Navarrete que toma el relevo de Alberto Iglesias), ha ocupado en algunos medios (por ejemplo, El Mundo), menos espacio que las nominaciones al mejor cortometraje de Borja Cobeaga y Javier Fesser (y que, of course, también nos alegran). Ahora sí que nos sumamos al boom hispánico. Y, ¡ah!, enhorabuena a Pe, pero ¡Dios salve a la Reina!

A PERSONAL JOURNEY WITH MARTIN SCORSESE THROUGH AMERICAN MOVIES. EE. UU., Reino Unido, 1995. Blanco y negro y color, 225 min. Dirección y guión: Martin Scorsese y Michael Henry Wilson. Fotografía: Jean-Yves Escoffier, Frances Reid, Nancy Schreiber. Montaje: Kenneth Lewis, David Lindblom. Música: Elmer Bernstein. Producción: Florence Dauman, Martin Scorsese. Vista en: DVD (Versus).

21 septiembre 2006

PROFESOR LOACH

Puede decirse que existen, a grandes rasgos, dos Ken Loach: por un lado, está el cronista de la lucha diaria de los habitantes por sacar la cabeza en los barrios y ciudades depauperadas de una Inglaterra entregada con ardor al neocapitalismo (corriente en la que se integrarían títulos como Ladybird Ladybird, Lloviendo piedras o Dulces dieciséis); y otro, el que podríamos llamar "Loach didáctico", empecinado en un gran proyecto explicativo de por qué el sueño de la revolución socialista se esfumó en la Europa del siglo XX.

Este último Loach es el que firmó Tierra y libertad y es el que ahora nos trae El viento que agita la cebada, sorpresiva ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes, y que ha levantado una auténtica tormenta en su país de origen, al situarse en la lucha por la independencia irlandesa y la posterior guerra civil, un período aún hoy poco menos que tabú en el reino de Su Graciosa Majestad.

Y sin embargo, cuando uno termina de ver la larga epopeya centrada en dos hermanos que luchan codo con codo contra los ocupantes británicos para luego verse enfrentados por sus posiciones contrapuestas respecto al primer tratado de autonomía, es inevitable la sensación de que, en realidad, bajo esta historia evidente late otra, la que verdaderamente Loach quería contar, y que la hermana profundamente con su película de la Guerra Civil española: si en ésta se nos narraba la purga de los troskistas en el bando republicano, a manos de los comunistas teledirigidos por Stalin, en ésta toma partido por el bando que no se conforma con una independencia que mantenga los viejos privilegios de los ricos, sino que quiere ir más allá para conseguir no sólo una Irlanda independiente del Imperio Británico sino, además, una Irlanda socialista.

Tanto unos como otros tienen en común el hecho de que fueron los perdedores en sus respectivos escenarios, en una época convulsa en la que la semilla revolucionaria prendía en cada rincón de Europa. Y así, El viento que agita la cebada se convierte en una auténtica película de tesis, lo que acaba derivando en problemas que impiden que la cinta levante el vuelo y supere el aprobado raspado, lo que hace más irónico que sea precisamente por ésta por la que se haya llevado un galardón como el de Cannes, que podía haber ganado por otras cintas bastante mejores en pasadas ediciones.

El maniqueísmo que se ha señalado como principal defecto en las películas de Loach, justificado en muchas ocasiones por su nada escondida posición ideológica y por ese mismo afán didáctico, llega en esta ocasión al paroxismo, presentando al ejército británico como una auténtica jauría de fieras sin ningún rasgo humano, bestias asesinas capaces de matar a un chico sólo porque se niega a dar su nombre en inglés, crueles hasta el extremo a la hora de torturar a un preso y malvadas por definición.

Algo que, por otro lado, ha sido siempre así en las películas que hablan de las nacionalidades oprimidas por los ingleses en sus propias islas (y si no, ahí tenemos ejemplos del cine comercial como Braveheart o Rob Roy), pero que en esta ocasión chirría desde el momento en el que se nos cuenta que el bando pro-Tratado pasa a ser armado y utilizado por los ingleses para hacerles el trabajo sucio y reprimir a los independentistas: les vemos utilizar las mismas cárceles, uniformes y métodos, fusilar a los que hasta entonces fueron sus compañeros... pero en su caso sus rasgos siguen siendo humanos; hacen lo mismo que los ingleses, pero ellos no son bestias, porque son irlandeses. Una trampa demasiado evidente, que resta contundencia a la manera en como se nos transmite el mensaje.

A pesar de demostrar en numerosas escenas que Loach sigue siendo un gran cineasta, con esa planificación tan personal de las secuencias, construidas con planos abiertos que buscan ir más allá del personaje individual para hablarnos del colectivo, hasta el punto de que el protagonista, Cillian Murphy, tiene sólo algo más de presencia que el resto de sus compañeros, la película, a pesar de utilizar la crónica épica para construir su discurso, no emociona quizá, en parte, por esa evidencia del truco. Y esa falta de identificación con los protagonistas resulta más sorprendente si tenemos en cuenta que Loach y su guionista, Paul Lavery, son maestros en construir personajes con los que el espectador simpatiza desde un primer momento y permite que veamos el mundo a través de su mirada, exactamente la misma de su director (y si no, basta con recordar los estupendos resultados que al respecto obtenía en Mi nombre es Joe o Riff-Raff).

Para nosotros, que observamos la historia de la lucha de Irlanda por su independencia desde una posición de meros espectadores, El viento que agita la cebada carece de la capacidad revulsiva que ha demostrado en su país de origen (y, por lo que se ve, en Cannes, cuyas Palmas de Oro llevan varios años bastante descafeinadas) y se queda, así, en una película "típica" de Loach, en la que los aciertos no deslumbran y los puntos débiles pesan demasiado.

Sólo cabe esperar que no sea un signo de agotamiento: al fin y al cabo, lo mismo le sucedió con La canción de Carla, y luego logró remontar el vuelo.

EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA. The Wind That Shakes the Barley. Alemania, Italia, España, Francia, Irlanda, Reino Unido, 2006. Color, 127 min. Director: Ken Loach. Intérpretes: Cillian Murphy, Padraic Delaney, Liam Cunningham, Gerard Kearney, William Ruane. Guión: Paul Laverty. Fotografía: Barry Ackroyd. Música: George Fenton. Producción: Rebecca O'Brien, Redmond Morris. Vista en: Cine.

[+] El viento que agita la cebada, en Pelisbilbao