Hace pocos días, Marnie citó en un estupendo post (como siempre) un documental mítico que, casualmente, yo estaba volviendo a ver por esas fechas: A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies. Una auténtica joya, realizada por The British Film Institute en 1995 con motivo del centenario del nacimiento del cine y que, aún hoy, sigue siendo uno de esos raros documentos que sirven igualmente tanto al profano como al cinéfilo de pro.El secreto reside en la pasión: frente a concepciones más racionalistas del cine, Scorsese no abandona en ningún momento, al abordar la génesis de lo géneros propiamente cinematográficos (el western, el cine negro, el musical), la mirada del espectador fascinado por la contemplación de lo que sucede en la pantalla.
Así, abundan las confesiones personales: el impacto que de niño le supusieron Duelo al Sol, Los diez mandamientos o el arranque de La túnica sagrada, o su presentación como un verdadero cinéfago que devoraba todo tipo de películas: buenas, malas... nada era poco para su mirada insaciable. Y así, este genio, que ya no necesita el Oscar para ser recordado como uno de los grandes, consigue un efecto extraño, atractivo: su lección, su visión, no empequeñece la del afortunado que contempla el documental al otro lado de la pantalla, porque logra establecer una empatía, una complicidad, en la que uno y otro se igualan como amantes del cine.
Claro que él es el que sabe, y mucho, y se nota. Pero no hay humillación alguna, no existe ni rastro de esa actitud chulesca de tanto teórico, de tanto profesor de pacotilla, de tanto elitista disfrazado de exigente que lo único que busca es hurtar el disfrute de la belleza a mucha gente que quiere acceder a ella. Y así, nos quedamos subyugados cuando nos habla de Kubrick, de Cassavetes, de Tourneur, de Eastwood, cuando vemos y oímos a Capra, a Vidor, a Wilder, a Coppola, a Ford (bueno, a ése más bien poco, como podéis observar en el divertido extracto que hace Marnie en su post)... y contemplamos boquiabiertos cómo resume cien años de cine en tan sólo cuarenta minutos, uniendo a Griffith con DeMille, con Murnau, con el melodrama, con Minelli, con Kazan, con Lucas y el por entonces en eclosión trucaje digital...
En suma: instruir deleitando. Y, lo que es más importante, diciéndonos que también nosotros tenemos derecho a disfrutar. Y lo dice nada más y nada menos que tío Marty, ése bajito que nos visita de vez en cuando, que a veces nos hace de rabiar pero sin el que, a buen seguro, las reuniones familiares serían bastante más aburridas...
P. S. Seis nominaciones a los Oscar para El laberinto del fauno, de la que muchos medios, descabalgado Almodóvar de la competición, parecen haber descubierto ahora su filiación también española (además de mexicana). Eso sí: un éxito tan importante para nuestro cine, con tres nominaciones para españoles (incluido un Javier Navarrete que toma el relevo de Alberto Iglesias), ha ocupado en algunos medios (por ejemplo, El Mundo), menos espacio que las nominaciones al mejor cortometraje de Borja Cobeaga y Javier Fesser (y que, of course, también nos alegran). Ahora sí que nos sumamos al boom hispánico. Y, ¡ah!, enhorabuena a Pe, pero ¡Dios salve a la Reina!
A PERSONAL JOURNEY WITH MARTIN SCORSESE THROUGH AMERICAN MOVIES. EE. UU., Reino Unido, 1995. Blanco y negro y color, 225 min. Dirección y guión: Martin Scorsese y Michael Henry Wilson. Fotografía: Jean-Yves Escoffier, Frances Reid, Nancy Schreiber. Montaje: Kenneth Lewis, David Lindblom. Música: Elmer Bernstein. Producción: Florence Dauman, Martin Scorsese. Vista en: DVD (Versus).