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21 junio 2007

TAKESHI, MAJO, NO HABERTE MOLESTADO...






Menos mal que lo último del habitualmente genial Takeshi Kitano, Takeshis', es un regalo para sus fans. ¡Anda, que si llega a ser un castigo...!

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[+] El viaje onírico de Kitano: Takeshis', en Ser cinéfago, según John Trent

11 junio 2007

PARA PICAR ENTRE HORAS


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Ocean's 13, la nueva entrega de la saga de Soderbergh, Clooney & Cía., de no ser película daría un perfecto tentempié para picar entre horas: buena pinta, sabor agradable, no hace falta tener hambre para comerla, no alimenta... y no deja ninguna huella, más baja en calorías no puede ser.

[+] Mi crítica en LaButaca.net

[+] Cinema Recensioni: Ocean's Thirteen, en They Made Me Do It
[+] Viva Las Vegas!!!, en El séptimo cielo

[+] "Ocean's Thirteen", de Steven Soderbergh, en Mi galaxia lejana
[+] Secuelas "palomiteras" para tiempos de canícula, en Silencio, se rueda

22 marzo 2007

LA RISA, SEGÚN VON TRIER





¿Puede una comedia que no acaba de funcionar como tal ser, a pesar de ello, una cinta de interés? Sí, si se titula El jefe de todo esto y la firma ese enervante genio llamado Lars von Trier.

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21 noviembre 2006

LA BOMBA SUBVERSIVA




Borat es una experiencia provocativa al límite, y su estructura de falso documental, no apto para todos los estómagos ni retinas, esconde bajo lo soez una lúcida e inteligentísima crítica hacia Estados Unidos y sus habitantes.

21 junio 2006

EL NOTA, TÍO, EL NOTA


Que el estilo de los hermanos Coen lleva un tiempo anquilosado, como si se estuviese convirtiendo en una repetición de los mismos esquemas, es un hecho evidente. La prueba es que, ávidos como estamos de volver a experimentar la maravilla (como nos ocurrió cuando vimos Muerte entre las flores, Fargo o Barton Fink), llegamos a poner bien una cosita como Ladykillers que, para qué vamos a engañarnos, no iba mucho más allá del nivel medio de la comedia hollywoodiense de ahora (pienso, por ejemplo, que si fueran los hermanos Farrelly los autores del gag del síndrome del colon irritable, muchos sesudos críticos habrían levantado una ceja displicente; pero, ¡ah!, como son los Coen, resulta que se trata de un gag cómico de primera). Aunque claro, también es verdad que cualquier cosa es mejor que ese horror titulado Crueldad intolerable (y me ahorro el chiste fácil).

La filmografía de los Coen esta repleta de un tipo de personajes que ellos han convertido en característico, una visión caricaturesca de tipos y géneros cinematográficos preexistentes, a medio camino entre el homenaje afectuoso y la mala leche paródica. Del Hombre que Nunca Estuvo Allí, al Everett de O'Brother, el Norville Barnes de El gran salto o el Jerry Lundegaard de Fargo, el ramillete de relecturas es casi inabarcable. Pero de todos, ninguno ha logrado traspasar la pantalla con la fuerza de Jeff Lebowski, alias El Nota.


Basta introducir su nombre en Google para encontrarnos con miles de páginas de fans como ésta, ésta (que incluso crea haikus aleatorios a partir de las frases de la película) o ésta; bares como éste de Alemania, que sirve el original white russian que Jeff Bridges bebía constantemente en la película (y que, por cierto, probé por primera vez en El Tío Vinagre, en Lavapiés, en cuya carta podía leerse: "Ruso blanco-lo que bebe El Nota", por gentileza de Vanesa)... incluso una convención anual que reúne a sus seguidores en EE. UU. y cuyas camisetas y posters tienen mucha gracia.

¿Quién es El Nota? En cierta forma, el arquetipo del parásito social, o al menos, el Parásito tal y como es concebido por las mentes bienpensantes norteamericanas: Jeff Lebowski, parado, separado, cuya máxima preocupación es mantener un subsidio que le permita pagarse su hierba, su ácido ocasional, sus partidas de bolos con sus amigos, que viste ropa digamos "cómoda" en cualquier ocasión (léase zapatillas, albornoz, bermudas y gafas de sol)... y sobre todo, y por encima de todo, buena gente, un hippy superviviente en una época (la de la primera Guerra del Golfo), y una ciudad (Los Ángeles) donde todo el mundo se mata por arañar un pedazo del "sueño americano".

Claro que, por contraste, es El Nota el que triunfa: todos los exitosos con los que se encuentra (millonarios, artistas, vanguardistas culturales, directores de porno, policías, émulos nihilistas de Kraftwerk, en una coña cultureta que tiene mucha gracia) pueden tener alfombras caras y lofts último-grito pero, al final, debajo de ellos siempre aparece la suciedad más asquerosa. Una suciedad que El Nota irá contemplando con su expresión de perpetuo buen rollo... Al fin y al cabo, ¿a él que le importa? Mientras pueda estar tranquilo en su sitio, disfrutando de la Cleadance, de un buen strike o de una charla insustancial con sus colegas, a cada cual más descerebrado, todo estará bien.

Y ahí está, puede, el quid de por qué nos gusta tanto El Nota; porque, al final, es el único que atraviesa la mierda sin mancharse (salvando las distancias, un poco como le pasaba al Tom Reagan de Muerte entre las flores). Lo de menos es la trama de la película, mera excusa para que, durante casi dos horas, nos contagiemos de su forma de ver la vida. En el fondo, todos queremos ser como él; y reconoceréis que, si encima tiene la presencia de Jeff Bridges, pues mejor que mejor, ¿no?

EL GRAN LEBOWSKI. The Big Lebowski. EE. UU., Reino Unido, 1998. Color, 117 min. Director: Joel Coen. Intérpretes: Jeff Bridges, John Goodman, Julianne Moore, Steve Buscemi, David Huddleston, Philip Seymour Hoffman, Tara Reid, Peter Stormare, John Turturro. Guión: Ethan Coen, Joel Coen. Fotografía: Roger Deakins. Música: Carter Burwell. Productor: Ethan Coen. Vista en: DVD (Colección Hermanos Coen de El Cultural, de El Mundo)

08 junio 2006

TE ESTOY LLAMANDO


Una película sobre las diferentes formas en las que se encarna la soledad: soledades absolutas, acompañadas, buscadas... Casi veinte años después de su realización, Bagdad Café sigue conservando una frescura nacida de la sencillez de su historia: los conflictos que en ella se nos muestran se resuelven, nunca mejor dicho, como por arte de magia (Jasmin logra volver al café después de tener que abandonarlo por caducarle su visado de turista, Brenda se reconcilia con su marido y la armonía familiar retorna, Rudi encuentra a su musa y rompe su aislamiento...). Sólo Debby, la sofisticada y quizá prostituida tatuadora, abandona el nido de paz y convivencia en que se convierte el Bagdad Café: «demasiada armonía», proclama, mientras huye atolondradamente, y el resto de los personajes le suplica: «eres como de la familia».

Una familia extraña, sí; pero familia, al fin y al cabo. Lo de menos es el escenario; o bueno, mejor dicho no, porque ese vetusto establecimiento perdido en medio de algún lugar del desierto de Nevada, es el lugar ideal para que desaparezca cualquier referencia a una vida anterior. Lo que no importa es que sea de unos improbables Estados Unidos, ni que Jasmin y su esposo atraviesen la calurosa carretera enfundados en imposibles trajes tradicionales ¿bávaros? ¿tiroleses? Como no importa que se trate de personajes escasamente originales, que hemos visto decenas de veces en otras películas. Pero en pocas como en ésta, por alguna extraña conjunción que no se sabe si tiene más de alquimia que de química, funcionan tan bien.

Una película cuyo comienzo es algo desalentador, porque resulta demasiado surrealista, con la fotografía saturada de luz solar y unos encuadres casi aberrantes. Una secuencia muda, bajo un soniquete de música de banda teutona, que no sabemos cómo interpretar. Y, de repente, surge el milagro: empiezan los títulos de crédito, y la preciosa voz de Jevetta Steele irrumpe, como si viniera de otra película diferente, y empieza a decirnos:
«There's a road from Las Vegas to nowhere...», las primeras palabras de una de las mejores canciones compuestas nunca para una banda sonora. Y entonces, sí, todo cambia, y nos dejamos llevar, porque es la canción la que nos da la pista de cómo tenemos que verla, la pista de la soledad.

Y quizá en esa sencillez, en esos momentos de una ingenuidad deliciosa (como cuando Jasmin empieza a limpiar y ordenar el café, y vemos dos texturas diferentes en la imagen: saturada y sucia en la parte aún por adecentar, con un cielo azul y cristalino en la ya arreglada), es donde radica el encanto de una película que sortea pronto el peligro de la pedantería cultureta. Sabemos entonces lo que estamos viendo, porque todos nos reconocemos en alguno de los excéntricos habitantes del motel y, como en Cheers, nos gustaría estar allí, ver a Brenda discutir con el mundo entero, admirar los trucos de magia de Jasmin e, incluso, contemplar el efecto del doble sol en el desierto mientras una música suave nos dice: «I’m calling you...»

BAGDAD CAFÉ. Bagdad Cafe. Alemania Occidental, EE. UU., 1987. Color, 108 min. Director: Percy Adlon. Intérpretes: Marianne Sägebrecht, Cch Pounder, Jack Palance, Christine Kaufmann. Guión: Eleonore Adlon, Percy Adlon. Fotografía: Bernd Heinl. Música: Bob Telson, Lee Breuer. Productores: Eleonore Adlon, Percy Adlon. Vista en: DVD (colección Cine Europeo, de El País)