17 julio 2006

CUATRO OJOS (II)


El ojo sajado

La realidad no volvió a ser la misma tras la aparición del cine. La caja de zapatos de los Lumière no sólo trajo consigo una nueva forma de captarla, sino que su propia mirada hizo que todas las experiencias, y la manera de vivirlas, se transformaran. En cierta manera, nada fue ya igual, y el objetivo del cinematógrafo influyó en el cambio de rumbo del resto de las artes.

Pero quizá el cambio más radical lo produjo en nuestra propia concepción del mundo, en la forma de soñar (los travellings, los fundidos, todos los recursos de la narración cinematográfica han sido incorporados a nuestros sueños), de comprender lo que nos rodea. Si se afirma que la mirada del observador modifica lo observado, el cine se convirtió en la mayor fuerza de modificación, hasta el punto de que la realidad fue reinventada por el celuloide.

No hay imagen que plasme con mayor contundencia ese poder del cine que el mítico plano de Un perro andaluz, en el que una cuchilla saja el ojo de una chica, una imagen que aún hoy sobrecoge por su contundencia y aparente realismo (en realidad, para la filmación de la escena, se utilizó el ojo de una vaca): tras el corte, vemos cómo un líquido sale por la herida. Y quizá no haya metáfora más expresiva del efecto último del cinematógrafo, porque es como si el universo que contienen nuestros ojos, personificado en los ojos de los creadores del cine, se extendiera sobre todo lo real y lo convirtiera en otra cosa.

No hace falta insistir en lo que Un perro andaluz o La edad de oro, como en general todo el surrealismo, supuso de transformación en la concepción del mundo. Todo lo que es más íntimamente humano, empezando por el mundo de nuestros propios sueños, deseos y temores, se infiltró en los mil objetos y cosas que nos rodean, convirtiendo en amenazante o gozoso lo que antes era simplemente neutral. Y como Buñuel, una serie de creadores, en lo que quizá haya sido el mayor momento creativo de la historia del cine (y que me temo sea ya irrepetible, al menos en su intensidad y extensión), pugnaron por ofrecer al público nuevas visiones y versiones de la realidad, al tiempo que desarrollaban el lenguaje cinematográfico y articulaban una poética nueva, sin parangón con la lograda por el resto de las artes.

Así, Berlín: sinfonía de una ciudad, de Walter Ruttmann, o A propósito de Niza, de Jean Vigo, pugnaron por retratar el alma invisible de dos ciudades a través del montaje de imágenes que captaban su vida interna, pero que, a través del lenguaje cinematográfico, creaban una sentido y una realidad que eran mucho más que la suma de sus partes. Mientras tanto, Abel Gance expandía los límites y posibilidades del cinematógrafo, hasta el punto de amenazar con romper sus costuras, en obras tan brillantes como su monumental Napoleón, un auténtico canto al exceso pero, por lo mismo, absolutamente grande. En Alemania, los expresionistas alumbraron su propia, retorcida y oscura visión del mundo que, paradójicamente, desembocó en un canto a la vida tan impresionante como lo fue Amanecer, de Murnau. En la Rusia soviética, los alumnos aventajados de Griffith llevaban a su máxima expresión las posibilidades expresivas y connotativas del montaje, y Vertov ponía en pie El hombre con la cámara, auténtico resumen y símbolo aún no superado de lo que el nuevo arte traía consigo.

Grandes maravillas comprimidas en pocos años, a partir del impulso surgido cuando el cinematógrafo nos rasgó la mirada y puso en marcha todo su potencial.

Y la realidad nunca volvió a ser la misma: de hecho, la reinventamos cada vez que nos sentamos en una sala y se apagan las luces.


UN PERRO ANDALUZ. Un chien andalou. Francia, 1929. Muda, blanco y negro, 16 min. Director: Luis Buñuel. Intérpretes: Simone Mareuil, Pierre Batcheff, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Robert Hommett. Guión: Salvador Dalí, Luis Buñuel. Fotografía: Duverger. Producción: Luis Buñuel. Vista en: DVD.

[+] Cuatro ojos (I): El ojo imposible

3 comentarios:

Rosenrod dijo...

¡Jajaja! ¿Obligación? Para nada; pero, ya que se ha pasado por aquí, nada me impide darle las gracias y bla, bla, bla, como usted diría.

En cuanto a "Thriller", ¿se refiere al video? ¿A la canción?

Y, evidentemente, gracias por el amor y el respeto: nunca sobran.

Shiba dijo...

¡Enhorabuena! Me ha encantado tu forma de expresarlo... los inicios del cine tienen algo, un efecto sobrecogedor cuando lo ves... te traen ecos de otras épocas... "El perro andaluz" es una obra maestra; la vi en el Reina Sofía hará unos años durante una exposición especial y me encantó... sublime, aterradora, inspirada.

Sin embargo, "Berlín" de Ruttman la vi en clase de Historia del Arte II este pasado año y para serte sincera me pareció algo tediosa: ejemplificaba bien el funcionamiento caótico de la ciudad, resultaba inquietante en algunos planos, como la pelea en la calle, o las vías del tren... pero no tan magnífica como los trabajos de Buñuel.

Rosenrod dijo...

"Berlín", sin embargo, fue toda una experiencia para mí; pero, si quieres, por un motivo que iba más allá de lo que cabría atribuir meramente a la película: la ví en el teatro de la Zarzuela, con el acompañamiento de una orquesta sinfónica que estrenaba una partitura compuesta específicamente para ella. Recuerdo que la experiencia de la llegada a la ciudad, a la estación, me sobrecogió... y eso me hace pensar que hay otra secuencia de cine mudo que recoge un viaje sobre raíles, y que me fascina: es la de "Amanecer", de Murnau, cuando la pareja hace ese viaje maravilloso desde el campo a la ciudad, que el genio alemán nos muestra desde dentro del tranvía: es simplemente maravilloso ese tránsito de un ámbito a otro.

Lo que me parece realmente fascinante de esa época, y en eso coincido contigo, es que las imágenes tienen una fuerza que hoy en día cuesta más encontrar. Al fin y al cabo, iban inventando el lenguaje con el que trabajaban... mientras que, hoy en día, uno tiene la sensación de utilizar un lenguaje ya creado, que ya inventaron otros, y en el que apenas queda margen para la verdadera creación. Pero los Griffith, Ruttman, Gance, Murnau, Eisenstein, Vigo... sabían lo que querían conseguir e inventaban la forma de lograrlo.

Y respecto a Buñuel... es sublime, inquietante, una sacudida... es todo eso y más.

Un abrazo!