
Puede que recuerde la fecha de ayer como los mayores recuerdan la de la llegada a la Luna, el referendum de la Constitución o el asesinato de Kennedy. Es posible que se me quede marcado a fuego como el instante en el que todo empezó a cambiar y a transformarse en otra cosa. Puede que haya un antes y un después, el principio del fin del Viejo Mundo y el nacimiento de otro lleno de miedos y esperanzas... Ayer quizá presencié el Fin de la Historia: por la tarde, vi por primera vez a alguien (un chico) leyendo un libro electrónico. Fue en un vagón de metro y me pareció que, mezclado con el sonido del tren avanzando por el túnel, podía percibirse el crujido que precede al derrumbamiento.








