01 agosto 2006

COCHINILLO, SIESTA Y REVOLUCIÓN


El acorazado Potemkin es una de esas raras obras del cine mudo que tiene la fuerza suficiente como para ser apreciada por todo tipo de público, incluso por aquellos que normalmente no soportarían una película silente. Es, además, de las pocas a las que uno puede asomarse sin tener que hacer un esfuerzo de situarse en su época, porque muchas de sus escenas son de una composición y forma de narrar absolutamente moderna. Quizá sea ése el motivo por el que, ocho décadas después de su estreno, puede proyectarse ante 7.000 personas en una sesión festiva en La Granja, con una banda sonora compuesta expresamente por los Pet Shop Boys, y pocas horas después de que Neil Tennant cortara el cochinillo en Casa Cándido con el correspondiente plato (a lo que debió seguir, suponemos, la obligada y reparadora siesta). Definitivamente, la fuerza revolucionaria del cine soviético ha sido devorada, digerida y metabolizada: ya es tan inofensiva como un videoclip de Alejandro Sanz o una letra reivindicativa de Jarabe de Palo.

Pero es, paradójicamente, en este fracaso de su objetivo primario (no olvidemos que El acorazado como Octubre, La huelga o La madre fueron concebidos, antes que nada, como eficaces instrumentos de propaganda para difundir el credo revolucionario entre un pueblo mayoritariamente analfabeto), en el que reside la garantía de permanencia de un cine que contribuyó a remachar y afinar el lenguaje y la gramática de la imagen. No es arriesgado decir que, sin el trabajo de los cineastas soviéticos, no existiría la MTV, ni muchas de las presuntas vanguardias que cuelgan de las pantallas de los museos de arte contemporáneo.

Estas obras propagandísticas, así, serían el lado más comercial de un movimiento que buscó con ahínco, en una década prodigiosa, explotar la enorme potencialidad del cinematógrafo, llevando a sus últimas consecuencias el camino abierto por Griffith, que con El nacimiento de una nación y, sobre todo, Intolerancia, deslumbró a un puñado de ingenieros, economistas y artistas que comprendieron que se encontraban ante una herramienta que aún no había demostrado todo de lo que era capaz.

Porque éste es un detalle esencial: al contrario que movimientos como el expresionismo o el surrealismo, desarrollados por creadores provenientes de otras disciplinas artísticas, el cine soviético tuvo su base en los ensayos realizados por nombres de sólida formación técnica. El ejemplo más representativo es Pudovkin quien, como Eisenstein, había estudiado ingeniería antes de la revolución, y que aplicó la sistemática y el método racional para establecer las reglas del montaje, bajo el principio básico de que una escena se compone de una suma de planos que, al interactuar, le otorgan el sentido deseado: una película, según esta teoría, sería pues superior a sus partes, y un plano sólo cobraría sentido en función del que le antecede y el que le sigue.

Con estos principios, Pudovkin estaba sentando las bases de lo que todos entendemos como cine; en este sentido, poco importa si lo que buscamos es la concienciación política, las lágrimas o la carcajada del público. Basta ver cualquier informativo para comprender que lo que los teóricos soviéticos fijaron sigue de una completa vigencia, como demuestra cualquier pieza sobre una ofensiva bélica o el último caso de corrupción. Por eso, cuando los restos de lo que fue un sistema político que ofrecía una curiosa mezcla de rechazo y fascinación fueron desactivados a través de su metabolización pop, simbolizada en la incorporación de su estética a desfiles de moda, conciertos masivos y anuncios posmodernos, el montaje soviético perdió su definición porque se integró en absolutamente todo el lenguaje audiovisual que nos rodea, sea cual sea su soporte y su público potencial.

Un proceso que, dicho sea de paso, no ha sucedido con una de las mejores directoras de la historia del cine, Leni Riefenstahl que, desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, alcanzó en Olimpia y El triunfo de la voluntad cotas de perfección hasta ahora no superadas. El problema es que, a diferencia del régimen soviético, el nazi sigue siendo, hoy por hoy, imposible de metabolizar y desactivar, mucho menos desde una perspectiva pop. Lo que no quiere decir que los hallazgos de la Riefenstahl no se hayan incorporado ya al lenguaje cinematográfico, pero lo han hecho de una forma apócrifa. Francamente, no creo cercano el momento en que se proyecte en La Granja ninguna de esas obras, ni veo a Chris Lowe ni a Tennant, ni ninguno similar, muy interesados en componerles una banda sonora nueva.

Tendrán que buscarse otra excusa si quieren volver a comer cochinillo de gorra.


EL ACORAZADO POTEMKIN. Bronenosets Potyomkin. URSS, 1925. Muda, blanco y negro, 77 min. Director: Serguei M. Eisenstein. Intérpretes: Alexander Antonov, Vladimir Barski, Grigori Alexandrov, Ivan Bobrov, Mijaíl Gomorov. Guión: Nina Agadzhanova. Fotografía: Vladimir Popov, Eduard Tisse. Música: Edmund Meisel (versión original). Chris Lowe, Neil Tennant (versión del 2004). Producción: Jacob Bliokh. Vista en: DVD.

14 comentarios:

¿ysiestaveztequedaras? dijo...

Rosenrod! Cuanto tiempo, y cuantas cosas que leerte

luego me pondré a firmarte por ahí, porque sobre todo ese artículo de Eastwood y el fascismo me llama mucho la atención

Respecto a este nunca había pensado en como a Riefenshatal o como se escriba el tiempo no la ha puesto en su justo lugar; tienes mucha razón en qeu no podemos todavía entrar el universo nazi desprejuiciados, mientras que por el motivo que sea si que podemos admirar y en el fondo admitir el de einsenstein. Supongo que este último se ha vuelto referencial e incluso icónico

luego me paso, un abrazo!

Fer Ganzo dijo...

Bastante de acuerdo en todo, aunque lo de Riefenstahl no lo tengo tan claro...yo creo que esa película tiene el mismo impacto visual que las soviéticas, pero creo que estas siguen un discurso narrativo menos complejo y más cómodo de seguir, haciéndolas más "para todos los públicos".
No obstante, esto creo que pasa con más obras del cine mudo, ya sea tiempos modernos o Metropolis. ¿Por qué son más fáciles de digerir que otras? Esa es una pregunta tan compleja como por qué una película envejece peor que otra...supongo que hay ciertas películas que logran una estética que no está incluída en una moda ni en una tendencia tal vez más efímera, y otras sólo resultan en un momento cultural completo. ¿es mejor lo primero que lo segundo? Tal vez no...o tal vez sí. Depende de la lectura que se haga.

Y por cierto, no es también viaje a la luna de Meliés una película que encaja perfectamente dentro de una lectura pop? ¡Incluso un videoclip de Smashing Pumpkins se inspiraba abiertamente en ella!

Raccord dijo...

En alusion a un comentario de tu critica, creo que es un error igualar comunismo y nazismo. Los dos tienen millones de cadaveres a sus espaldas, pero creo que es mucho mas legitimo proclamar la igualdad de clases, que el exterminio por razones exclusivamente xenofobas.

Pero si lo decias por ser dos regimenes totalitarios, te lo perdono :)

A mi Einsenstein no es que me vuelva loco, me parece demasiado centrado en la parte estetica y las historias tienen muy poquita garra. Mas que panfletos, me parecen albumes de cromos ;)

Saludos

Alex dijo...

No sé si sabes que Fernándo Trueba dijo en una ocasión lo mucho que le aburría "El acorazado Potenkim". Opinión compartida por cada vez más cinéfilos.

Tengo que reconocer que la primera vez que la vi me decepcinó enormemente. Sin duda lo mejor es su impacto visual, sin embargo narrativamente sus películas son difusas. Todo lo contrario a las del gran revolucionario de este arte que fue David Ward Griffith.

Para Griffith la historia era lo más importante, el montaje debía ser diáfano. Eisestein parece estar más cómodo componiendo planos que dando forma a la historia.

Me alegra que reivindiques a Pudovkin, junto a Dziga Vertov, los grandes olvidados que en mi opinión son mejores directores (especialmente Pudovkin) que Eisestein.

La cuestión de Riefenstahl es compleja. El eterno planteamiento de si se debe separar al artísta del hombre (mujer en este caso). Ella fue una nazi declarada, por mucho que luego lo negase. Comulgó con aquellas siniestras ideas y contribuyó a la causa con unas películas que ensalzaban las bondades de la raza aria. Supongo que a nadie le apetece ver su nombre asociado al de una antigua nazi por muy brillantes que sean sus películas. Por cierto, "Olimpiada" es excepcional. No tanto "El triunfo de la voluntad", excesivamente panfletaria, demasiado rendida al mito del hombre que pretendió fundar el reich de los mil años.

Gran posteo, y gracias por nombrar al hoy día ignorado Griffith, por quien yo siento devoción.

Daniel Quinn dijo...

Mmmmm, interesante discusión. Yo no sé si se puede comparar un régimen con otro (yo no lo haría por lo mismo que dice raccord), aunque finalmente los dos fueran igual de nefastos. Quizás lo más peligroso del régimen comunista fuera la condescendencia ideológica que hubo desde algunas facciones de occidente (hasta que se publicó a Koestler y Solzhenitsyn y todos callaron, jejeje).
En cuanto a Potenkim..., la vi hace muchos años (en mi etapa de iniciación garciana, jeje) y también me decepcionó bastante, pero tendré que revisarla porque alguna de las películas que no me gustaron en esa época ahora están en mi top ten XD.
Enhorabuena por tu reflexión, Rosen, y saludos!!

Rebe dijo...

Yo la verdad es que no sé mucho (más bien nada) a cerca de este tipo de cine, tuve la oportunidad este año de ver "El Acorazado Potemkin" en mi clase de Historia, y tengo que decir que al igual que a todos mis compañeros, nos resultó un poco confusa, yo todavía no sé exactamente si me gustó o no me gustó, lo que sí tengo claro que fue lo que más me gustó, la famosa escena de la Escalinata de Odessa, por lo demás la verdad es que creo que no me gustó demasiado, esperaba otra cosa, no sé el qué, pero... Aunque como mensaje la verdad es que me parece muy bueno, pero quizás debería dentro de un par de años darle otro visionado para comparar impresiones conmigo misma.

Saluditos y como siempre un estupendo post!

Hombre Lobo dijo...

Uff, yo creo que el acorazado Potemkin es de esas pelis que uno debe ver una vez, para quedar bien culturalmente hablando, pero no más.

Sí, obra maestra y todo lo que quieras, pero vaya coñazo...

Un afectuoso saludo.

Rosenrod dijo...

¡Bienreencontrado, Ysi! Bueno, hay cosas nuevas, pero tampoco te las leas seguidas, que seguro que no es bueno :)

Fer, tienes razón en lo de la mayor sencillez de "El acorazado..." (al fin y al cabo, reducible a una historia de malos --muy malos-- y buenos --muy buenos--), mientras que las obras de la Riefenstahl rebosan de referencias míticas y simbólicas, de un significado mucho más complejo. Además, tampoco hay que desdeñar la duración, sobre todo la de "Olimpia" con sus (creo recordar que) cuatro horas. Y, ¡me encanta ese vídeo de los Smashing! (bastante acorde, además, con toda la cubierta del disco)

Raccord, mi post no pretende ser político, sino que lo enfocaba desde una perspectiva estrictamente cinematográfica. Al fin y al cabo, el mismo "Acorazado" estuvo prohibida durante bastante tiempo en bastantes países. Pero es curioso, en su época, tanto las obras de Eisenstein como la de Riefenstahl se exhibían en festivales y eran elogiadas por toda Europa. Luego pasó lo que pasó, claro...

Álex, nada más fácil para mí que mencionar a Griffith, desde que le descubrí viendo "Intolerancia"... apuntas bastantes cosas en tu comentario que darían, por sí solas, para un buen ramillete de posts. En realidad, estoy de acuerdo contigo en lo de que ni siquiera "El acorazado Potemkin" es la mejor obra de Eisenstein (creo que son bastante más interesantes "Octubre" o "Iván el Terrible"), y que Eisenstein tampoco es, seguramente, el mejor director soviético. ¿Por qué, entonces, "El acorazado..." se ha convertido en su pieza más icónica? Lo curioso es que, si ves una lista de las mejores películas de, digamos, hace treinta años, aparece siempre en los primeros lugares. Pero ahora, con el paso del tiempo, ha ido bajando puestos, y ya hay listas en las que ni aparece. Algo curioso también. Y comparto contigo la preferencia por "Olimpia"... por criterios cinematográficos y extracinematográficos: al fin y al cabo, ahí tenemos un respiro con la victoria de Jessee Owens; lo de Nuremberg llega a ser absolutamente asfixiante. Lo que me asombra de todas maneras, en ambos casos, es que estamos ante dos películas rodadas en tiempo real; eso me pasma. Y lo de la filiación nazi de la Riefenstahl... bien, creo que a estas alturas, está fuera de discusión; sólo así podías llegar a ser la cineasta oficial del régimen (lo que pudo haber sido Fritz Lang si no hubiera "declinado" el ofrecimiento de Goebbels (creo) y salido ipso facto de Alemania)

Daniel: lo bueno que tiene es que, en realidad, basta con revisarse los ocho minutos de la secuencia de la escalera de Odessa, que sigue siendo lo mejor de la película (que, por otro lado, tiene bajones de ritmo importantes, sobre todo si tenemos en cuenta lo corta que es). Además, es enormemente ilustrativa si la ves y, a continuación, ves la escena-homenaje de De Palma en "Los intocables de Elliott Ness". Son veinte minutos que enseñan muchísimo de cine.

¡Jajaja, Rebe! Me encanta la frase "no sé si me gustó"... creo que el hecho de que no lo sepas lo deja bien claro, ¿no? Es cierto que es la película que más veces se ha puesto, que yo sepa, en institutos, colegios y universidades para ilustrar la revolución soviética. Supongo que eso sería el sueño de cualquier propagandista (por cierto, los hechos reales están absolutamente distorsionados en la película, empezando por el final feliz).

Bienvenido, Hombre Lobo. ¡Hombre, al menos no negarás la ventaja de que ésta es corta! Imagínate que se pone de moda "Olimpia" con sus cuatro horas... :)

Gracias a todos y perdonar este enrrolle. La verdad es que el tema da para muuuucho.

webster dijo...

Me has dejado patidifuso, gracias por explicar tan bien esta película tan interesante

Noa dijo...

Hola Rosenrod!!

Pues tu como siempre, en tu línea de no hacer críticas ni reseñas. Tu haces profundas tesis que deberían añadir en las carreras (aunque sean ingenierías) como asignatura troncal :PPP

Tengo la peli en dvd nuevito y sin quitarle el envoltorio, siempre que la miro de reojo me da una pereza terrible. Creo que me la tragué en el "insti" como todos, pero estaba más pendiente de caricaturizar en papel al profesor de Historia, que de por sí era una caricatura en si mismo, que en prestar atención a la cinta.

De momento me quedo con tu comentario, luego ya veremos.

Besos.

Pol dijo...

Desde luego grandes posts...

Es indudable el valor propagandístico de "El acorazado..." y de grandes escenas como la de las escaleras imitada en "Los Intocables de Elliot Ness" , pero no todo lo que huela a clásico debe ser un film entretenido...

Mi profesor de historia de cine se negó a pasarnos el film en su totalidad...en su lugar vimo la grandiosa "Amanecer" de Murnau.

Saludos!

Rosenrod dijo...

Webster: ¿tú crees? Bueno, en todo caso, no te patidifuses tanto, hombre :)

¡¡Noa, cuánto tiempo!! ¡Bienhallada! Lo de las tesis... en fin, no le daré demasiadas vueltas, que me suena casi casi a manera finolis de decir "coñazo" :) Creo que, mientras asocies la película con tu profesor de Historia, mal vamos. A ver si con el tiempo...

Pol: "Amanecer" es una de mis películas favoritas, una auténtica maravilla. ¡Qué suerte de profesor de Cine debiste tener! ¡Qué envidia!

Un saludo a los tres!

JohnTrent dijo...

No la he llegado a ver nunca entera, ya que la pasaron hace unos años en la escuela de cine y, claro, solo pusieron una parte. Dicha parte fue, precisamente, la tan comentada de la escalera que, todo hay que decirlo, es brutal.

De todos modos, hay algo que sucede con muchas peliculas de esta epoca que hoy dia gozan de un respetado estatus de clasicos imperecederos e intocables. El caso es que, sin negar sus virtudes cinematograficas, en muchos casos resultan harto tediosas y no pasan del visionado como curiosidad cinefila/cinefaga o como parte del estudio del mismo arte del cine.

Rosenrod dijo...

Supongo, John, que eso se debe a que "imperecedero" e "intocable" son adjetivos peligrosos, sobre todo cuando se emplean para las películas. ¡Cuántas imperecederas e intocables hay que han ido perdiendo su prestigio!

Y tienes toda la razón: aún hoy en día, la escena de la escalera es brutal.

Un saludo