09 noviembre 2008

LA ÚLTIMA MARAVILLA

La noticia de la (sorprendente, al menos para mí) muerte de Michael Crichton me ha traído a la memoria algún que otro recuerdo personal y cinéfilo que guarda relación con el autor de La amenaza de Andrómeda. Ya sé que ningún catedrático de literatura ni ningún sesudo crítico guardará luto por él, pero lo que no se puede negar es que tenía un tremendo olfato para descubrir por dónde se movían los temas que más podían inquietar a sus millonarios (en cantidad, que para millonario en capital, él) lectores, por más que en alguna ocasión se dejaba llevar directamente por los planteamientos provocadoramente simplones (Sol naciente).

De todo lo publicado estos días, me han llamado la atención algunos artículos que venían a decir que lo que proponía en sus libros, de una manera alejada a lo que hacía, por ejemplo, un Arthur C. Clarke, era totalmente imposible. Y es más, que su formación como médico y científico le hacía estar perfectamente enterado de que era así; y en cuanto a los ejemplos señeros, ¿cuál destacaba? Evidentemente, el que va a quedar como referencia ineludible de la historia del cine de entretenimiento: la posibilidad de que pudiera resucitarse a los dinosaurios a partir del ADN encerrado en la sangre chupada por mosquitos prehistóricos conservados en ámbar (nunca se podrá hacer eso, nos informaban los críticos de Crichton, por la sencilla razón de que ese material genético está corrupto por el paso de millones de años). O sea, que todo el material de partida de su inolvidable saga de Jurassic Park era falso; ergo, su fantasía era poco seria. O sea, que Clarke F. C., 1-U. D. Crichton, 0. O lo que es lo mismo, que el primero era un escritor con todas las letras, el otro un vendedor de supercherías.

La verdad es que es un razonamiento que no entiendo. Si lo aplicáramos estrictamente, entonces el Frankenstein de Mary W. Shelley habría perdido cualquier interés en el momento en que quedó meridianamente claro que la electricidad, venga de un rayo o de donde sea, es totalmente incapaz de devolver la vida a un cuerpo muerto (más bien suele funcionar al contrario). Y la centenaria permanencia en el imaginario colectivo de los mundos prehistóricos creados por Julio Verne (Viaje al centro de la Tierra) y Arthur Conan Doyle (El mundo perdido) poco menos que un error, pues si la base científica de Crichton es falsa, ¿qué habría de decir de unos textos que plantean que nuestro planeta está hueco (el primero), o la permanencia de los dinosaurios en una tierra exótica en la que habrían escapado a su extinción (el segundo)?

Parece que hay gente que sigue pensando que el término “metáfora” está reservado únicamente para la alta literatura. Porque, si no fuera así y se permitiera su uso por la plebe de los libros de gran consumo (nótese cómo, siguiendo esos dictados, he omitido la repetición de la sacrosanta palabra “literatura” para no contaminarla), quizá no habría más remedio que convenir en que Jurassic Park es una de las metáforas más acertadas de en lo que se ha convertido nuestra sociedad, recorrida por la necesidad de sufrir huecas sacudidas adrenalíticas que conviertan nuestro ocio en algo de consumo inmediato en lo que no exista nada sagrado ni que lleve a la reflexión, ni siquiera el enfrentarnos con unas criaturas que nos ponen en su sitio porque nos vienen a decir que, para la naturaleza, somos tan prescindibles como lo fueron ellas. Malas noticias para el Rey de la Creación, aka diseño inteligente.

La versión cinematográfica de Steven Spielberg leyó a la perfección ese subtexto que recorre una de las obras maestras que ha dado el cine de entretenimiento, por más que los críticos, tan miopes como es habitual (me aplico el cuento) la pusieran en su momento a caldo (no deja de ser curioso que ahora, cada vez que la reponen en la televisión, la calificación raramente baje de las tres estrellas). Y así llegamos a lo que debería haber sido el recuerdo cinéfilo y personal que arrancó este post, y que al final se ha retardado hasta este momento: si recuerdo esta película (que vi el día de su estreno) con especial cariño, es porque creo que fue la última vez que asistí boquiabierto como un niño ante la maravilla de ver aquellos dinosaurios, durante unos pocos minutos, verdaderamente vivos. Desde entonces, creo que todos nos hemos hastiado de virguerías digitales y de que lo imposible se muestre ante nuestros ojos; y así, desde aquel ya lejano 1993 he tenido ocasión de admirar la belleza de un plano o una secuencia, de degustar detalles exquisitos o celebrar excesos con gracia. Pero esa ilusión infantil nadie me la ha ocasionado como la primera vez que los protagonistas descubren la llanura poblada de criaturas de cuento. ¿Cómo no va uno a perdonárselo todo a Spielberg y, por extensión, a Crichton?



Aunque desde luego no llega a los niveles de cinefilia de sagas como Star Wars o El señor de los anillos, Jurassic Park tiene su correspondiente legión de fieles, capaces de homenajear, sobre todo, las memorables escenas de la primera entrega. Como esta nueva versión del inolvidable ataque del tiranosaurio, recreada con figuras de Lego y con un final ligeramente diferente al que vimos en la pantalla...

13 comentarios:

Drea dijo...

Muy buena entrada, estoy de acuerdo en todo. Y aparte el video es la caña

Lara dijo...

No sé porque en mis links no me avisa de cuando actualizas así que ando algo perdida.
Muuuuacks!

Milgrom dijo...

Me gusta el nuevo diseño.

Crichton ha sido bastante desnostado en según que círculos, pero el tío era un muy buen escritor e incluso anticipó a Terminator en su Almas de Metal (Westworld) de 1973. Otro tipo con mucha imaginación y grandes ideas que se nos va.

Té la mà Maria - Reus dijo...

bien por el post asi como el video a tu altura

saludos

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/Traslaspuertas

Me gusta el fondo amarillo de ahora pero confieso que había cogido cariño al antiguo diseño blanco y con letras azules.

La versión JURASSIC PARK de Lego está muy currada, jajaja y está muy bien la idea de cómo se libran del dinosaurio.

Yo no soy gran fan de Crichton pero por haber sido el autor de la famosa Jurassic antes citada merece un respeto.

Saludos!!

Cèlia dijo...

Estoy muy de acuerdo que no llega a ser Arthur C. Clarke, pero que ya sea por formación o por intuición, supo escribir historias apasionantes...

Rosenrod dijo...

Bueno, la verdad es que llevo unos días un tanto ajetreados con esto del diseño, a ver si va cuajando... pero ya hablaré de ello en su momento.

Y sí: la verdad es que el vídeo con los muñequitos de Lego tiene su gracia. ¡Y es tan mono el tiranosaurio cuando sólo quiere jugar...! :)

Un saludo!

The True Funky Dog Story. dijo...

se parece a mi ese tiranosaurio---!
grrrrrrrrrrrr guau!

therealfunkydog.blogspot.com

BUDOKAN dijo...

Se ha ido un grande y es muy bueno que lo recuerdes con este post. Saludos!

Dude dijo...

Completamente deacuerdo con tu reseña, y por consigiente (Uy! perdón )Aka, mejor no? aplicable a todos los autores que has citado, ya que como tu bien dices la excusa para entretener se utilizaba para remover los cimientos morales humanos del expectador, si bien es cierto q algunos con mejor tino q otros.

Salu2.

Crunch dijo...

Completamente de acuerdo ¡¡El exceso de realismo arruina la diversión!!

Jordim dijo...

Ecectivamente con Jurassick park se terminó mi infancia en lo que respecta a quedar boquiabierto sólo con los efectos especiales, ya que en lo que a bichos se refiere, no creo yo que se haya ido más allá.. (aunque reconozco que la imagen de Trinty en Matrix chocando contra una ventana mientras un helicoptero explosionaba en segundo término también me dejó bastante pasmado..).

Rosenrod dijo...

Tienes toda la razón, Jordim... Aunque lo malo es que ya hace unos cuantos añitos de esas maravillas.

Un saludo!