18 noviembre 2009

UTILIDADES DE LA CULTURA CINÉFILA


Esta historia ya se la he contado a mucha gente de viva voz, pero es tan buena que merece ser puesta también por escrito: hace un par de semanas estábamos acodados en la barra del Quinto Vino, uno de los mejores sitios del mundo para semejantes menesteres. Habían dado las doce, momento de bajada de persiana y de comenzar el goteo de gente, cuando tres graciosillos de última hora logran colarse y pedir unos vinos. Y no contentos con ello, a eso de las doce y media, el más graciosillo entre los graciosillos se dirige a Juan, el encargado, y le pide que corte "un poquito de jamón". Y la respuesta de Juan, tras darse la vuelta y mirarle, es: “¿Tú no sabes que a los gremlins no hay que darles de comer después de las doce?”. Ante semejante respuesta, momentáneo silencio del graciosillo entre los graciosillos (y carcajada de los testigos que estábamos presentes), y luego una débil respuesta: “Oye, que no soy tan feo”. “Claro, por eso, por eso, para que sigas así”. Total, que terminaron su vino y se fueron. ¡Para que luego digan que la culturilla cinéfila no sirve de nada!

2 comentarios:

Galliard dijo...

xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

The boss.

Faraonika dijo...

Veo que no has perdido las buenas costumbres :)
I miss you
besos