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02 diciembre 2007

ALGO MÁS QUE TECNOLOGÍA







Sorprendentemente, Beowulf no se queda sólo en un espectáculo tecnológico (no siempre conseguido, por cierto): su argumento supone toda una reflexión sobre la capacidad de corrupción del poder.

P. S. Os pido disculpas por el retraso en la actualización del blog. No está abandonado, ni mucho menos; pero estoy absolutamente desbordado por cuestiones laborales. Gracias por, a pesar de ello, seguir pasándoos por aquí. Espero ponerme pronto al día.

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25 octubre 2007

ANIMANDO A LITTLE NEMO



No hace falta descubrir a estas alturas a Little Nemo, el personaje creado por el gran Winsor McCay, a nadie que ame los comics. Las aventuras del pequeño que, en cada entrega dominical (se publicaban en el New York Herald, y la primera y mejor serie se sucedió entre 1905 y 1911) terminaba cayéndose de la cama en la última viñeta, viviendo un mágico y onírico (nunca mejor dicho) viaje por el fantástico mundo de Slumberland, son aún hoy un prodigio por su calidad, el juego con las perspectivas, la imaginación...

Winsor McCay fue, además, uno de los padres de la animación, y sus trabajos, teniendo en cuenta los años en que fueron concebidos, son de una calidad y una belleza realmente impresionante. Tuve ocasión de ver algunos de ellos hace más de un año en el blog, ahora suspendido, de Marnie la Litrona. Pero acabo de descubrir, trasteando por YouTube, el que dedicó a su personaje más famoso. Y ése es el corto que ahora os traigo. Muy curioso porque, aunque verdaderamente animados son sólo los dos últimos minutos (aunque la espera merece la pena, porque, si tenemos en cuenta que el corto es de 1911, el resultado coloreado a mano es verdaderamente soberbio), todo lo que antecede, la ironía sobre el inmenso trabajo que suponía crear miles de dibujos, es todo un guiño, ahora que la animación tradicional fenece, a lo que fue el verdadero milagro de dar vida a lo que no era más que una ilusión (y, ¿no es eso el cine?).

Señoras y señores; con todos ustedes, Winsor McCay y Little Nemo:

07 septiembre 2007

SIGAN A ESTE CHICO


Ojo con este nombre: Sacha Feiner es un joven belga que promete, y si no al tiempo. Seguidor incondicional del cine de terror, y con una especial devoción por los gremlins (sí, aquellos peluches de postal que, cuando se mojaban o comían más tarde de la medianoche, dejaban de ser monos para pasar a ser bastante más divertidos), demuestra tener bien aprendidos, digeridos e integrados todos sus mitos, especialmente los de los años ochenta. Y si no, justo al lado tenéis una prueba, el disfraz que se construyó para el baile con el que se cierra el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas (BIFF), nada menos que todo un señor Alien bien encorbatado. Parece que ganó el premio final (no me extraña). Claro que no tiene nada de raro: también ganó el mismo concurso con este otro traje de Pinhead, de Hellraiser.

Pero si lo traigo aquí a colación no es por esos disfraces (de mérito evidente, eso sí), sino por lo que sigue: en la edición de este año (que por cierto era la 25), el BIFF encargó a Sacha, recién licenciado de sus estudios de Comunicación Gráfica, diez cortos que serían proyectados antes de cada una de las sesiones del festival. Y estas pequeñas perlas de animación, ambientadas en una ciudad futurista deshumanizada y cruel, revelan que este joven talento puede ir mucho más allá de la mera imitación de sus modelos. Habrá que seguirle la pista, que al fantástico europeo nunca le viene mal savia nueva.

A continuación os destaco la cuarta entrega de la serie, titulada World In Progress, y que es mi favorita. Pero, para que podáis ver la obra completa, os incluyo también los vínculos a los otros nueve cortos, por si preferéis verlos en el orden en el que fueron creados. Que los disfrutéis, al menos, tanto como yo.

World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 4: Brainwashed


[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio I: Mechas
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 2: No Way
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 3: Show
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 5: Ad-dicted
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 6: Bug
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 7: Rain Dead
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 8: Play
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 9: Anti-hero
[+] World In Progress, de Sacha Feiner. Episodio 10: Spinner

29 agosto 2007

¡PEDAZO DE AGOSTO!



Pues sí, ¡aquí estamos de nuevo! De vacaciones se está bien, pero la verdad es que echaba de menos el actualizar esto. Sobre todo, porque ¡menudo agosto de cine que nos estamos marcando! Desde luego, nada que ver con el año pasado, en el que la cartelera sólo se animó al final. En cambio, rara ha sido la semana de este verano del 2007 que no nos ha deparado, al menos, un título que mereciera la pena, por una razón u otra. Y, sobre todo, dos películas que tienen todas las papeletas para figurar entre lo mejor del año cuando a eso del 31 de diciembre pasemos revista: Ratatouille y El ultimatum de Bourne. Con la primera, recuperamos la fe perdida en Pixar; con la segunda, se confirma lo que parecía increíble: la trilogía del agente amnésico ha ido de menos a más, hasta rozar la perfección en su tercera entrega. Y, afortunadamente, tampoco nos faltó el cachondeo, con el cine gore-gamberro de Robert Rodríguez en Planet Terror y de Jonathan King en su particular parodia-homenaje de las cintas de terror Ovejas asesinas (y, por cierto, lo único verdaderamente memorable de la doble sesión montada por los de Manga). Y atentos, que todavía no hemos terminado el mes...

[+] Mi crítica de El ultimatum de Bourne en LaButaca.net
[+] Mi crítica de Ovejas asesinas en LaButaca.net
[+] Mi crítica de Dos días en París en LaButaca.net
[+] Mi crítica de Un buen día lo tiene cualquiera en LaButaca.net

[+] El juego del ratón y el gato, en Silencio, se rueda
[+] "2 días en París" (2007), en [cuarto acolchado]
[+] Algunos apuntes sobre "Ratatouille", en Porque sueño yo no estoy loca, no lo estoy

[+] Ráfagas de una pequeña joya: 'Ratatouille (ra ta tui)', en Tras las puertas

30 julio 2007

SIN SORPRESAS




La película de Los Simpson apenas aporta nada que no hayamos visto antes en la serie, pero tampoco decepcionará a los fans. Y quien contase encontrar alguna sorpresa en el relato cómodo pero previsible de Lucky You, la nueva de Curtis Hanson, se quedará con las ganas: hasta Drew Barrymore está tan mal como cabía esperar.

[+] Mi crítica de Los Simpson en LaButaca.net
[+]
Mi crítica de Lucky You en LaButaca.net

27 junio 2007

¿NO SERÁ QUE DISNEY HA COMPRADO DREAMWORKS?






Lo peor no es que Shrek Tercero sea previsible; lo peor es que se ha convertido precisamente en aquello que supuestamente parodiaba. Menos mal que, al menos, sólo dura hora y media; un detalle en los tiempos que corren.

[+] Mi crítica en LaButaca.net

[+] Shrek tercero, la fórmula se agota, en Tras las puertas
[+] Shrek Tercero & Mangy-Cours, en Somewhere Only We Know...
[+] Secuencias "palomiteras" para tiempos de canícula, en Silencio, se rueda

13 diciembre 2006

BABE FOREVER!





La espectacularidad de Happy Feet llega a límites insospechados. Y sin embargo, de George Miller, uno de los padres del inolvidable Babe, el cerdito valiente, cabía esperar algo con más alma.

[+] Mi crítica en LaButaca.net

[+] Crítica: "Happy Feet: Rompiendo el hielo" (DVD), en Cineahora

04 diciembre 2006

"PAPÁ, RECUÉRDAME QUE SUEÑE ESTA NOCHE CON LA PELÍCULA"


Perdemos la plastilina, pero al menos nos queda el humor bien británico y malévolo de la Aardman: Ratónpolis es un soplo de aire fresco en un año en el que la abundancia de películas animadas no es proporcional a su calidad.

[+] Mi crítica en LaButaca.net

[+] Crítica: "Ratónpolis", en Cineahora
[+] "Ratónpolis", de David Bowers y Sam Fell, en Mi galaxia lejana

05 septiembre 2006

NOSTALGIA DEL FUTURO


Por decirlo rápido, que dicen que en esto de internet el tiempo vuela y nadie pasa dos veces por el mismo post: la gran película de animación del año sería Monster House... si no fuese porque semejante título podría quedarse corto para definir los méritos de una producción que está llamada a permanecer entre las imprescindibles de cualquier aficionado al género o, simplemente, de cualquier aficionado al cine.

Y eso que, en realidad, se trata de un film que inventar, inventa poco, pero ofrece a cambio una capacidad tan grande para asimilar referencias que termina erigiéndose en un título singular. A partir de una idea y un escenario prácticamente únicos (un chico vive obsesionado por la lúgubre casa del otro lado de la calle, en la que tienen tendencia a perderse los objetos que llegan a su césped, o a ser directamente robados por su inquietante inquilino), el debutante Gil Kenan levanta una película deliciosamente malvada, estéticamente impactante (y por momentos bellísima), y con un listón en la calidad de animación que le habla directamente de tú a Pixar, Dreamworks y demás herederos del trono de tío Walt.

Sin embargo, me atrevería a decir que no es ésa la clave de bóveda que termina por elevar esta película, sino un guión simplemente perfecto, en el que por fin se ofrece una historia para niños genuinamente incorrecta, de verdadero cuento de miedo de tienda de campamento, que no rehúye la posibilidad de inquietar, sin que venga un salvífico personaje a decir que, poco más o menos, no pasa lo que pasa. Pues sí, sí que pasa, y el resultado final disipa cualquier temor que se pudiese albergar al leer que la película surge de la inspiración de Robert Zemeckis y de la técnica de captación de movimientos y expresiones empleada en Polar Express... pues bien, olvidémonos de la ñoñería del tren poblado por el ataque de los clones de Tom Hanks, y quedémonos con la única parte buena de la frase anterior: la calidad de la animación.

Claro que, en realidad, hay otro nombre auspiciando el proyecto que, una vez más, demuestra su olfato, y es el viejo zorro de Spielberg, que dio luz verde a las ideas de Kenan. Y quizá por eso no sea gratuito decir que la película bebe directamente de las maravillosas películas ochenteras con las que crecimos toda una generación y, así, no es difícil encontrar reminiscencias de las para muchos míticas Poltergeist o Los goonies, de cuando ibas a ver una película cuyo título siempre iba antecedido por un "Steven Spielberg presenta", y ya sabías lo que te venía encima (que, además, solía ser bueno).

Pero la película va más allá, y no se contenta con quedarse en una mera resurrección virtual en pleno siglo XXI de nuestra nostalgia finisecular; así, entra por momentos en la pura belleza visual, con destellos de títulos tan señeros como Freaks (la maravillosa secuencia en la que se nos explica por qué está maldita la casa), y con retratos absolutamente deliciosos de personajes como la canguro semi-punkarra, la niña repipi de colegio pijo que vende chucherías puerta a puerta para Halloween aplicando métodos avanzados de marketing, ese crack de niño que responde al nombre de Croqueta, la madre obsesionada por evitarle traumas a su hijo que está entrando en la adolescencia, o la genial secuencia inicial de la niña en su triciclo, cuya calidad técnica, además, es simplemente impresionante... y eso, sin mencionar las escenas en las que la casa y sus transformaciones se vuelven protagonistas absolutos.

Y todo ello, sin olvidar el primer mandamiento: divertir y asustar. Cuando terminó la proyección, los niños que abarrotaban la sala prorrumpieron en un aplauso cerrado... incluso el pequeñajo que, en la fila de delante, le había pedido a su abuelo, en un momento dado, que le cogiera la mano (eso sí, al salir del cine, ese mismo niño iba diciendo, exultante: "¡Cómo mola!").

¿Que si mola? ¡Mola mazo!

MONSTER HOUSE. Monster House. Animación, EE. UU., 2006. Color, 91 min. Dirección: Gil Kenan. Voces: Mitchel Musso, Sam Lerner, Spencer Locke, Steve Buscemi, Maggie Gyllenhaaal, Jason Lee, Kevin James, Nick Cannon, Catherine O'Hara, Fred Willard, Kathleen Turner. Guión: Dan Harmon, Rob Schrab, Pamela Pettler. Fotografía: Paul C. Babin, Xavier Pérez Grobet. Música: Douglas Pipes. Producción: Jack Rapke, Steve Starkey. Productores ejecutivos: Ryan Kavanaugh, Steven Spielberg, Robert Zemeckis.Vista en: Cine.

[+] Libertino, en Libertinaje
[+] Matías, en Silencio, se rueda
[+] Diversión monstruosa, en El séptimo cielo
[+] Monster House, en Pelisbilbao

12 julio 2006

LA ÚLTIMA JOYA DE DISNEY


Los últimos años antes de que Disney hiciese público que abandonaba la animación tradicional fueron agónicos, mortecinos e indignos de una compañía sin la que, nos guste o no, no existiría el cine de animación tal y como hoy lo entendemos (que lo que hubiese en su lugar fuese mejor o peor entra, directamente, en el terreno de la ciencia-ficción). De Atlantis a Hermano oso o la simplemente infumable Zafarrancho en el rancho (que este título vaya a quedar en todas las historias del cine por ser la última película de la Disney, sólo puede ser calificado de patético), se sucedieron los intentos en mil direcciones distintas, sin saber muy bien qué se quería,intentando subirse a todos los carros y ofrecer una respuesta a la emergente Pixar y sus aires de renovación.

Quizá por eso, por haberse estrenado en medio de una situación de directo desmoronamiento, Lilo & Stitch, un proyecto relativamente modesto (era una de las producciones "B", de menor ambición y presupuesto, realizadas mientras el mayor esfuerzo de producción se lo llevaban las grandes apuestas que, en el caso de aquel año, fue El planeta del tesoro), pasó quizá con menor eco del que objetivamente merecía. Porque, a pesar de ser un producto típicamente disneyano, lo cierto es que en su interior se ocultan algunas de las propuestas más frescas, gamberras y renovadoras ofrecidas por una producción animada de la casa fundada por el criogenizado tío Walt.

Lilo & Stitch, a lo largo de su bien mesurado metraje, pone en pie, en apariencia, una historia ortodoxamente disneyana de defensa de los valores familiares, pero su planteamiento es de una inteligencia, con momentos de directa mala leche, que alivia bastante bien la carga moralizante. En la película se nos narra la historia de una niña hawaiana, Lilo, que vive con su hermana mayor, Nani, tras la muerte de sus padres en un accidente de coche. Ésta se las ve y se las desea para conservar la custodia de su hermana pequeña, porque está siempre a punto de perder su trabajo y los servicios sociales están pendientes del más mínimo fallo para llevársela.

Lilo, por su parte, es una auténtica friqui: no tiene amigas (quizá porque, entre otras cosas, le encanta hacer vudú con sus efigies), se fabrica muñecas horribles de trapo con la cabeza hinchada porque, según dice, un bicho les puso unos huevos en su interior; escucha viejos singles de Elvis Presley y no duda en mentir al asistente social diciéndole que su hermana la maltrata sólo para fastidiarla. Y lo que es más importante: hace cientos de fotos con las que luego decora su habitación, en busca siempre de los cuerpos imperfectos, los gordos blanquecinos de las playas o las señoras mayores y pellejudas.

Su camino se va a cruzar, en una combinación de géneros que es uno de los mayores logros de la película, con una extraña criatura creada genéticamente para destruir, y que se escapa de una prisión espacial en un prólogo que es una auténtica maravilla porque reúne, en apenas cinco minutos, una divertida suma de todos los tópicos del género. El experimento 626 llega a la Tierra perseguido por su creador y un torpe ayudante, los dos alienígenas, y para escapar de ellos se hace pasar por un perro para que Lilo lo adopte (previa imposición del nombre con el que pasará a ser conocido, Stitch).

A partir de aquí, la película nos va a narrar la relación entre Lilo y Stitch, dos inadaptados que terminarán desarrollando una relación de mutua dependencia. Una relación que guarda, junto a algunos momentos verdaderamente emocionantes y otros que rozan lo sensiblero pero no lo suficiente como para estropear la película, gags memorables, como el intento de Lilo de convertir a Stitch en un sosias de Elvis o los guiños a las películas de ciencia ficción repletas de arañas e insectos gigantes que destruyen las ciudades (y que Stitch intenta remedar para quitarse el mono destructivo en una escena memorable).

Junto a este planteamiento, destacan el dibujo y el diseño de los personajes, verdaderamente sobresalientes. Aquí no hay lugar para las "princesas Disney": a Nani, que supuestamente es la guapa de la función, se la dibuja con una nariz gorda y anchos muslos e, incluso, cuando la vemos con el ombligo al aire, podemos distinguir una leve barriguita. Lo mismo podemos decir de Lilo, no es la típica muñequita Disney, y el chico que pretende a Nani no es tampoco el héroe habitual en estas películas: más bien es un atolondrado bienintencionado que hace lo que puede. Todos los objetos están diseñados con un leve redondeo, que rehúye los ángulos rectos, y que alcanza el paroxismo en las naves y vehículos alienígenas. Y lo que es quizá más llamativo: los fondos, auténticas maravillas que uno puede parar en el DVD y admirar, hechos en acuarela (técnica de la primera época de Disney que no había vuelto a usarse en una película íntegra desde Dumbo, en 1941).

Todo ello convierte a Lilo & Stitch en una gratísima experiencia, sin voces archifamosas (los más conocidos quizá sean Jason Scott Lee o Tia Carrere) ni grandes alharacas... y sin embargo, no sería aventurado decir que, por más que la moralina no deje de estar presente y en algún momento chirríe por imposición del conservadurismo marca de la casa, probablemente sea ésta la última verdadera joya salida de sus estudios. Luego vino la explotación con una continuación (o dos, no estoy muy seguro), directamente estrenada en DVD, y una serie de TV bastante mala. Mejor olvidarse de ellas; lo que sí nos demuestra el largo es que, en realidad, el debate entre píxeles y pinceles (bastante superado, porque parece que han ganado definitivamente los primeros) es estéril: lo que importa es tener una buena idea y saber llevarla a la práctica, sea con el lápiz, el ratón, la plastilina o las marionetas.


LILO & STITCH. Lilo & Stitch. EE. UU., 2002. Animación, color, 86 min. Dirección: Dean DeBlois, Chris Sanders. Voces: Daveigh Chase, Chris Sanders, Tia Carrere, David Ogden Stiers, Kevin McDonald, Ving Rhames, Tia Carrere, Jason Scott Lee. Guión: Chris Sanders. Música: Alan Silvestri. Productor: Clark Spencer. Vista en: DVD (Disney).

08 julio 2006

UNA BOMBILLA FLOJA


En 1995, un símbolo vino a sumarse a la breve pero significativa lista que todo cinéfilo retiene en la memoria: un animado y saltarín flexo logró hacerse un hueco junto al león de la Metro, la mujer de la túnica y la antorcha de Columbia, las letras de la 20th Century Fox o la montaña de la Paramount, como bandera de un estudio entonces pequeño que estaba llamado a cambiar la concepción y la historia del cine de animación, plantándole cara al monopolio todopoderoso de la Disney.

La película que sirvió de tarjeta de visita (aunque su fundación se remonte a 1986) fue Toy Story, toda una declaración de intenciones y la demostración de que la tecnología por ordenador había llegado a su mayoría de edad. Pero lo que ha hecho de verdad asombroso a Pixar es que, desde entonces, cada largometraje añadía un punto más en su casillero de obras maestras: Bichos, Toy Story 2, Monstruos S. A., Buscando a Nemo, Los Increíbles... hasta esta flamante y nueva Cars, con la que me temo que el ya hiperdesarrollado estudio (tanto que, en realidad, se ha merendado a Disney) ha dado el primer traspiés en su trayectoria.

Entendámonos y que quede claro desde el primer instante: Cars es un espectáculo técnico lujoso e impresionante. La magnificencia de las escenas en los circuitos o la belleza del desierto son sólo dos ejemplos del grado cercano a la perfección al que ha llegado la animación por ordenador. Uno no puede evitar quedarse con la boca abierta ante detalles como el tratamiento de las luces reflejadas en la carrocería, la sensación de estar viajando por una carretera en medio de la nada por la noche, los acelerones entre el polvo y la tierra... aquí sí que no ha fallado la tradición, porque el resultado final supone un peldaño más respecto al anterior (y eso que la factura de Los Increíbles parecía difícilmente mejorable).

Pero la decepción surge cuando nos damos cuenta de que Pixar (o Lasseter, más bien) parece haber olvidado que el éxito de su fórmula no radicaba sólo en la perfección técnica, sino que se unía a una forma de concebir las historias y el humor que rompían lo visto hasta entonces en la industria, marcada por la ingenuidad y rigidez de la casa del ratón Mickey: la clave de la bóveda fue la construcción de mundos que no sólo interesaban a los niños, sino que se hacían con los adultos y llegaban a ofrecernos propuestas, casi casi, cercanas por momentos a la vanguardia (¿o es que Monstruos S. A. no contiene una de las ideas de partida más verdaderamente originales e innovadoras del cine de los últimos años?). Una lección, por cierto, a la que corrieron a apuntarse los astutos chicos de la Dreamworks: en este sentido, Shrek no sería más que la filosofía Pixar llevada al extremo gamberro y revisionista.

Pues en Cars me temo que se han olvidado de esta parte. Y eso hace que, por primera vez, nos encontremos con una película de animación... ¡que se nos hace larga! Y lo que es peor, ¡¡¡que tiene momentos aburridos!!! Y es que parece como si el polvo del desierto acabara por colarse por las junturas del relato, porque a la media hora de proyección tenemos la sensación de que la historia se atasca, que no avanza, y ahí nos quedaremos por espacio de una hora, esperando el toque de maravilla que, sinceramente, no termina de llegar.

A pesar de detalles aquí y allá que conservan el genio Pixar (los orgullosos y socarrones coches italianos, la estampida de los tractores...), Cars se convierte en la propuesta más plana de todas las ofrecidas por el estudio, y termina siendo una película correcta que uno olvida justo después de verla (todo lo contrario a lo que sucedía con, por ejemplo, Buscando a Nemo o Toy Story 2, ¿quién no recuerda el memorable momento de "soy tu padre"?). Quizá tampoco sea como para que se disparen las alarmas; al fin y al cabo, la proporción a favor de la compañía es 6-1, mucho mayor que, creo, el 95 % de la productoras cinematográficas norteamericanas. Lo que sí sería de preocupar es si eso va a ser lo que defina el nuevo estatus de Lasseter dentro de Disney... esperemos que la fusión pixarice a los herederos de tío Walt porque, como disneíce a nuestro adorado flexo, mal vamos.

Eso sí, como siempre, el corto (El hombre orquesta) y los títulos de crédito finales, de antología. Esa tradición, al menos, sí que se mantiene (de hecho, deben de ser de las pocas películas comerciales en las que el público no sale disparado en cuanto se encienden las luces, como si hubiera fuego o algo así), así que podemos albergar la esperanza de que, lo único que pasa, es que la bombilla del flexo está un poco floja y simplemente necesita que la enrosquemos un poco para que su brillo deje de fluctuar.


CARS. Cars. EE. UU., 2006. Color, animación, 116 min. Director: John Lasseter. Voces: Owen Wilson, Paul Newman, Bonnie Hunt, Larry The Cable Guy, Cheech Marin. Guión: John Lasseter, Dan Fogelman, Kiel Murray, Joe Ranft, Phil Lorin, Jorgen Klubien y otros. Música: Randy Newman. Producción: Darla K. Anderson. Vista en: Cine.

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