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03 noviembre 2009

¿QUIEREN UN TÓPICO? AQUÍ TIENEN UNO

Las desapariciones siempre abren la puerta a los lugares comunes, y la muerte de José Luis López Vázquez no iba a ser una excepción. Pero que algo sea un tópico no implica, necesariamente, que sea falso, y en este caso hay algo muy evidente: que si hubiera nacido en Estados Unidos, hoy estaríamos hablando de que se nos había ido uno de los grandes del cine. Porque, sinceramente, bastaría con imaginarnos que tantos secundarios jocosos del cine norteamericano hubieran tenido la oportunidad de lucirse en papeles dramáticos, o en el teatro, como tuvo nuestro particular genio del bigotito. ¿No les habrían llovido los Oscar? Aquí, como somos de otra pasta, nos limitamos a darle un Goya de honor. Y, ¿qué quieren que les diga? Como que no es lo mismo.

26 enero 2009

MINUTOS MUSICALES (IX)


SUPERVIVENCIA

El truco del manco es todo un alivio de cara a la próxima ceremonia de los Goya: por fin una película capaz de emocionar, de atraer, y que además conecta con los gustos de la gente que más frecuenta las salas (y que, en nuestro cine, suelen ser olvidados por los que se encargan de despachar cintas que inciden una y otra vez en los mismos temas que ya empiezan a saturar al respetable). Y esta historia de supervivencia, de superación, va acompañada de una estupenda banda sonora, firmada por Woulfrank Zannou, cuenta con un tema potente, interpretado por el protagonista y líder del grupo de hip hop La Excepción, Juan Manuel Montilla “Langui”. Disfrutadlo en este videoclip:

Juan Manuel Montilla “Langui” y Woulfrank Zannou, A tientas, de la BSO de El truco del manco (2008) (3’ 43”)





DESPARRAME EN ARIZONA

Arizona Baby fue el título que terminó de poner a los hermanos Coen en el mapa. La hilarante historia de una pareja imposibilitada de tener hijos y que decide “tomar prestado” un bebé a una familia “bendecida” con unos quintillizos bebía de los dibujos animados, los gags del cine mudo y un universo particular muy personal. Y claro, ¿cómo podía ser diferente su banda sonora? Carter Burwell nos regaló un divertido score donde, en un solo tema, son capaces de fusionarse los aromas country con el Himno de la Alegría. Con un par.

Carter Burwell, Raising Arizona Theme, de la BSO de “Arizona Baby” (1987) (3’ 13”)






Y SIGUE SONANDO EN TU MENTE

¿Alguien que haya visto la reciente La niebla ha podido olvidar el impactante final, uno de los más logrados, inesperados y contundentes del cine comercial norteamericano de los últimos tiempos? Y es inevitable asociarlo con esta música, esta tremenda elegía que nos deja abandonados a nuestros pensamientos, a nuestras sensaciones... Mark Isham arriesga con esa voz femenina y nos gana.

Mark Isham, The Host of Seraphim, de la BSO de La niebla (2008) (7’ 19”)




Leer Minutos musicales I, II, III, IV, V, VI, VII y VIII



Y hablando de cine...






La clase: Un profesor, unos alumnos, una lucha constante

Despierta envidia cómo el cine francés ha sido capaz de hacer de los problemas del sistema educativo el eje central de algunas de las propuestas más interesantes de los... Leer más







El truco del manco: Bocados de realidad

Ha costado. Casi en el filo, pero por fin una película ilusionante para los Goya: El truco del manco es, sin lugar a dudas, la mejor cinta española de la temporada. Y lo que... Leer más

14 noviembre 2006

LOS FANTASMAS... ¿DE GOYA?



Llegó por fin Los fantasmas de Goya, la esperada nueva película de Milos Forman, rodada íntegramente en España. Llegó, sí; pero la sensación que deja, inevitablemente, es de decepción. O, visto el trailer, ¿de verdad nos ha decepcionado tanto?

28 septiembre 2006

LECCIÓN DE OPTIMISMO


Sí, señor; una auténtica lección de optimismo la que me habéis dado. Juro que estaba convencido de que sería Alatriste la elegida para enviar a los Oscar en representación de la Academia española, dado el enorme esfuerzo y la implicación de gran parte de la industria en una de las mayores decepciones de nuestro cine. Sin embargo (y supongo que, desgraciadamente, sin que sirva de precedente), ha primado el sentido común y los muy honorables académicos han elegido Volver, de Pedro Almodóvar, en detrimento de la de Díaz Yanes y de Salvador, de Manuel Huerga.

Algo que, por otro lado, ya habíais anunciado vosotros en la encuesta que he tenido colgada estos días, pues a la primera pregunta de "¿Qué película mandarías a los Oscar?", un 55% votó por Volver, un 32% por Salvador, y un 14% por Alatriste (fijaos que hasta el biopic de Salvador Puig Antich supera en preferencias a la del espadachín). En cuanto a la segunda, "¿Y cuál mandará la Academia?", aquí vuestro optimismo fue ya desbordante: 61% para Volver, 35% para Alatriste, 4% para Salvador.

Me habéis ganado por la mano. Y... ¿por qué será que no me importa demasiado?

[+] ...Y 'Volver' ha sido, en El séptimo cielo
[+] "Volver" a empezar..., en Guitars On the Rocks

17 septiembre 2006

DOS PELÍCULAS EN UNA


Pues bueno, ¡ya tenemos las tres! Ya está completa la terna entre la que los muy honorables miembros de la Academia elegirán cuál será la película que envíen a representarnos a los Oscar. Una vez vistas Volver y Alatriste, ya podemos asomarnos a la tercera, que acaba de llegar a nuestras pantallas, Salvador, un biopic sobre la vida y ajusticiamiento de Salvador Puig Antich, el último ejecutado en España por el método medieval y brutal del garrote vil (¡es increíble la inventiva que ha aplicado el hombre desde siempre a pensar nuevos y expeditivos métodos de matar!).

Con Salvador, curiosamente y a pesar de las diferencias entre una y otra, nos encontramos con una estrategia muy parecida a la de Alatriste: una producción con un presupuesto solvente (lejos de las cifras de la película de Díaz Yanes pero, aún así, muy generoso para los niveles en los que se suele mover el cine español), una estrella internacional (Daniel Brühl, que saltó a la fama con Good Bye, Lenin) y un gran reparto en el que milita gran parte de la primera línea del cine español del momento (resulta curioso que, en la terna, haya bastantes actores que aparecen en más de un título). Y lo que, a la postre, se revela como más destacado de la película de Manuel Huerga: su apuesta por la traslación a una historia de nuestro pasado reciente del formato no ya de un género hollywoodiense, sino de dos.

Porque dos son las películas, claramente diferenciadas, que conviven en el metraje de Salvador: la primera, en la que se nos narra, en un largo flash back, la historia de Puig Antich, cómo se inició en la acción armada para enfrentarse al régimen de Franco, sus relaciones amorosas y su evolución, hasta su aciaga detención en la que se produce un tiroteo y muere un policía (cargo que servirá para que le condenen a muerte cuando, tras el asesinato de Carrero Blanco, el Gobierno busque un chivo expiatorio); y una segunda, centrada en la larga espera hasta la ejecución, los intentos por conseguir el indulto y la ejecución misma.

Pues bien, para la primera parte, Manuel Huerga (doce años sin visitar las pantallas grandes desde su opera prima Antártida, si bien ha permanecido ligado a la imagen desde la gestión y creación televisiva y publicitaria) opta por una estética, un ritmo y unos códigos de narración propios del thriller norteamericano. Y la cosa funciona: si bien parece arriesgado trasladar lo que tantas veces hemos visto en títulos ambientados en Las Vegas, Chicago o Nueva York, una sabia utilización de las posibilidades puestas a su alcance nos introduce en un relato ágil, propio para mostrar la vorágine en la que se ven inmersos los miembros del comando, con una fotografía que nos sitúa en los años setenta y una ambientación perfecta, en la que la música de Lluís Llach, extremadamente eficaz, se alterna con pasajes en los que podemos oír temas de aquellos años (a destacar la estupenda secuencia del atraco perpetrado a los sones de Locomotive Breath, de Jethro Tull).

En cambio, para la segunda, Huerga opta por lo que se ha convertido ya en un verdadero subgénero del cine norteamericano (o quizá deberíamos decir sub-subgénero, porque a su vez es una derivación del cine carcelario), como es el del preso en el corredor de la muerte (en España no existía tal cosa, pero la situación es similar). Y aquí es donde la película flojea más porque, a la agilidad e innovación que supone para nuestro cine la primera mitad, en este caso la película, fiel a las necesidades del género, opta por desarrollar los aspectos más emotivos, material sensible que, aunque eficaz, roza a veces la inverosimilitud, por más que se sostenga que todo está basado en hechos reales. Un peligro que ronda constantemente, por ejemplo, a Leonardo Sbaraglia, que pone todo su empeño en que la evolución del funcionario primero hostil y luego solidarizado con el reo sea creíble (y cuya conversión se concreta en una escena, la del partido de baloncesto uno contra uno en el patio de la cárcel, que es ya un estándar de este tipo de películas).

Con una sobresaliente interpretación de Daniel Brühl y unos secundarios ajustados y competentes (Manuel Huerga incluso consigue que Tristán Ulloa esté bien, algo que, por sí sólo, ya es mérito suficiente), el director consigue lo que, sobre el papel, parecería imposible: transformar lo que podría haber sido una película panfletaria, en una muy digna película comercial, que asume sin complejos un estilo de cine fácilmente accesible para todos los espectadores (y eso, sin renunciar a una posición ideológica explícita, que sólo se ve empañada en los títulos de crédito del final por una extraña amalgama en la que se mezclan Palestina, el 11-S, Bin Laden, la guerra de Yugoslavia o el 11-M, sin que nos quede muy claro qué tiene que ver con lo que acabamos de presenciar).

Y así, este reverso de Cuéntame o Aquello de lo que la familia Alcántara no habla a la hora de cenar todos juntos, se transforma en una película que supera el localismo para poder ser vista por cualquier espectador foráneo. De hecho, es la más americana de las tres, lo que no es mala baza de cara a una posible competencia por los Oscar.

Pero nada de eso importa, porque ya sabemos todos que toca poner la pica en Los Ángeles. Y, ¡ríete tú de Rocroi! Claro que, cuando los académicos de Hollywood pasen de nuestro Alatriste, que si los hados no lo remedian será la elegida por los muy sabios miembros de nuestra Academia el próximo día 28, siempre nos quedará el consuelo de decirnos que los pobres yanquis están adocenados por su estúpido cine comercial y no son capaces de degustar un delicatessen tan profundo y artístico como el protagonizado por el bueno de Mortensen. Y así, podremos poner una mueca displicente y decir: "¡Bah!, ¿serán paletos?"

En fin, nunca he tenido más ganas de equivocarme que en esta ocasión, podéis creerme.

SALVADOR. España, Reino Unido, 2006. Color, 134 min. Dirección: Manuel Huerga. Intérpretes: Daniel Brühl, Tristán Ulloa, Leonardo Sbaraglia, Leonor Watling, Ingrid Rubio, Celso Bugallo, Joaquín Climent, Antonio Dechent, Manuel Morón. Guión: Lluís Arcarazo, basado en el libro de Francesc Escribano Compte enrere. Fotografía: David Omedes. Música: Lluís Llach. Producción: Carola Ash, Albaert Martínez Martín, Jaume Rores. Vista en: Cine.

[+] Salvador, en Pelisbilbao
[+] Puig Antich, en El séptimo cielo

02 septiembre 2006

LA PELÍCULA QUE PUDO SER


Pocas veces se volverá a dar una conjunción de factores tan favorable como la que ha precedido el alumbramiento de Alatriste: un punto de partida, las novelas de Arturo Pérez-Reverte, auténticos best sellers que retoman y adaptan a la España del siglo XVII las claves del género de capa y espada bendecidas por Dumas y compañía; la elección de un actor carismático que además, tras la saga de El señor de los anillos, ha logrado imbuir a su estampa de una intensidad épica que añadía enteros al personaje de Diego Alatriste; un director-guionista solvente, que había dado muestras de pulso firme en su debut en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, y demostrado que no le asustan los retos en Sin noticias de Dios; un plantel de secundarios entre los que militan algunos de los mejores actores del momento del cine español; y un presupuesto amplio, generoso, con el que levantar un retrato convincente y espectacular de un país crepuscular, esclerotizado, que ve disolverse su imperio mientras sus mejores hombres se desangran en los campos de batalla.

Y quizá lo más difícil, lo más importante: un público entregado de antemano. Cuando oímos tantas y tantas veces quejarse a los responsables del cine español del presunto analfabetismo del espectador patrio (patético aquel discurso de la presidenta de la Academia, en la entrega de los Goya, literalmente riñendo a los españoles porque habían preferido a Harry Potter o a Shrek frente a las producciones españolas del año), esta vez se había creado una verdadera expectación, que a buen seguro se reflejará en la taquilla de este primer fin de semana, alimentada además por un trailer prometedor que parecía garantizar el resultado. Una cierta sensación de "por fin, por fin lo hemos conseguido, lo hemos logrado..."

Pues no. No lo logramos. Por resumir, Alatriste no es una mala película, pero tampoco es buena. Es, simplemente, una película del montón, prima hermana de otras cien que, si se estrenasen en nuestras pantallas con pasaporte francés o alemán, durarían una o dos semanas en cartelera, otra gran producción europea del tipo de las de "quiero y puedo pero, no sé por qué, no me sale".

Y lo más frustrante es que, a lo largo de todo el metraje, se entrevé perfectamente la gran película que pudo llegar a ser y no alcanzamos a ver: resulta sorprendente la escasa creatividad que muestra en la planificación y los movimientos de cámara, con secuencias que se van sucediendo mecánicamente, sin verdaderos picos de emoción, y con el convencimiento final de que Díaz Yanes, simplemente, no sabe rodar secuencias de acción. De hecho, los mejores momentos de la película, únicos destellos que apuntan lo que podría haber sido, o bien son escenas intimistas (magnífico el último encuentro de Alatriste con María de Castro, una hermosa Ariadna Gil), de acción en interiores (la secuencia de los túneles de Breda), o de las pocas con cámara dinámica (el plano de las botas en el primer encuentro con Olivares).

Viggo Mortensen pone su estampa al servicio de un Alatriste de pocas palabras, convincente, amargado, escéptico, que nos arrastra... hasta que abre la boca. Sinceramente, es de agradecer que Mortensen haya querido rodar en español pero, ¿quién puede creerse que Diego Alatriste haya nacido en León cuando luego le oímos hablar? El esfuerzo que, además, tiene que hacer el actor neoyorquino para que no se note su acento le lleva a un tono neutro que no es de ningún sitio, y a la sensación de que asistimos, más que a una interpretación, a un recitado.

Sin embargo, es en los secundarios donde brilla a más altura la película. Formidables están, como siempre, Eduard Fernández (¡qué robaplanos!), Unax Ugalde y Antonio Dechent; sorprendentemente creíbles Juan Echanove como Quevedo y Javier Cámara como el conde-duque de Olivares; bella y triste Ariadna Gil, Elena Anaya correcta, y una Pilar López de Ayala que, simplemente, no tiene papel al que agarrarse. Y en cuanto al antagonista de Alatriste, un Gualterio Malatesta bien asentado en el cuerpo de Enrico Lo Verso... ¿alguien que no haya leído los libros y sólo vea la película entenderá el motivo de su rivalidad?

Mención aparte merece la sorprendente y, vistos los resultados, gratuita elección de Blanca Portillo para hacer el papel del inquisidor. ¿Por qué? ¿Qué aporta? Si se toma una decisión tan al límite, debería poder justificarse de alguna manera... Eduardo Noriega, por su parte, reconfirma lo que ya sabemos de largo: que es un actor tan guapo como limitado, pero aquí no molesta demasiado.

Pérez-Reverte ha destacado hasta la saciedad que no pretendía hacer una historia luminosa, sino tan triste y sucia como lo era aquella España desalentada y en decadencia; de ahí que los duelos y las luchas no podían ser brillantes, espectaculares... aquí estaríamos en las antípodas de Los duelistas, de Ridley Scott: los combates apenas duran segundos, los espadachines son marrulleros, los heridos se rematan a cuchilladas y la sangre salpica. Pero lo contrario de lo espectacular nunca debe ser lo ramplón, máxime cuando se pone tanto cuidado en otros aspectos como el de recrear la luz de los cuadros de los maestros del Siglo de Oro (incluso a extremos tan cansinos y poco originales como la reproducción del cuadro de La rendición de Breda), con una estrupenda fotografía de Paco Femenía.

El final de la película, en fin, resume perfectamente todo lo bueno y lo malo que lo precede. Simplemente, no es emocionante, no es épico, y no transmite la grandeza que debería... en parte, por la marcha de infantería que se escoge para llevarnos al último plano. Muy buena idea sobre el papel pero, en la pantalla, de resultado bastante plano. Una ocasión desaprovechada por el habitualmente inspirado Roque Baños.

Una lástima. Otra más.

ALATRISTE. España, Francia, EE. UU., 2006. Color, 147 min. Director: Agustín Díaz Yanes. Intérpretes: Viggo Mortensen, Unax Ugalde, Ariadna Gil, Eduard Fernández, Antonio Dechent, Juan Echanove, Javier Cámara, Eduardo Noriega, Elena Anaya, Enrico Lo Verso, Blanca Portillo, Pilar López de Ayala. Guión: Agustín Díaz Yanes, a partir de las novelas de Arturo Pérez-Reverte. Fotografía: Paco Femenía. Música: Roque Baños. Producción: Álvaro Agustín, Antonio Cardenal. Vista en: Cine.

[+] Raccord, en ¡Aquí está Jack!
[+] Robgordon1982, en El séptimo cielo
[+] Álex, en Antarctica Starts Here
[+] Donnie, en They Made Me Do It
[+] Matías, en Silencio, se rueda
[+] Iñaki, en Pelisbilbao
[+] Thalatta, en Thalatta
[+] Rebe, en Mi galaxia muy lejana
[+] Alatriste, en El búnker
[+] Alatriste: Qué vuelo más triste, en Videoarena
[+] ALATRISTE: Una preciosa caja de regalo vacía, en Tierra de cinéfagos
[+] Alatriste, en Ser cinéfago, según John Trent